El cortocircuito de la energía en Panamá.
25 de Mayo de 2026
Por: Rodrigo Noriega
Abogado
Exclusivo para Contrapeso
El pasado jueves 21 de mayo, en su conferencia de prensa semanal, el presidente de la República, José Raúl Mulino, informó que el Gobierno de Panamá se había negado a venderle electricidad a Costa Rica como medida de retorsión por las presiones que dicho país estaba realizando por el cierre del mercado a algunos productos agrícolas costarricenses. De acuerdo con una diputada de oposición, Costa Rica está enfrentando un déficit de su generación energética y necesita importar de Panamá el equivalente al 11.2% de su consumo.
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De acuerdo con cifras proporcionadas por la Autoridad Nacional de los Servicios Públicos, actualmente la máxima capacidad de generación eléctrica en el país es de 3,501 MWh, considerando las mejores condiciones de producción solar, eólica, hidroeléctrica y de las plantas térmicas de ciclo combinado, o 2,859 MWh, considerando generación térmica en turbina libre y excluyendo la de ciclo combinado. El pico del consumo eléctrico del país es aproximadamente de 1,950 MWh, pero en 2023 alcanzó su máximo histórico, que fue de 2,235 MWh. Estas cifras revelan que, en caso óptimo, Panamá tendría 1,551 MWh por encima de su consumo y, en el caso mínimo, solo tendría 624 MWh de sobrante. Además, nuevos proyectos de generación eléctrica se encuentran en distintas etapas de desarrollo.
Un mercado distorsionado
La primera regla de una economía de mercado plenamente funcional es que existe una relación entre oferta y demanda. Cuando la demanda es mayor que la oferta, los precios suben. En el caso contrario, si la oferta es mayor que la demanda, los precios deben bajar. Esta segunda parte de la regla no se aplica en el mercado eléctrico panameño. Aunque la oferta sobrepasa a la demanda, los precios no caen porque hay distintas formas de manejar el mercado. Por ejemplo, por medio del mercado ocasional, que es todo lo contrario a los predecibles contratos de largo plazo que deberían regir esta actividad. Otra forma de manejar la oferta es exportándola a Centroamérica.
Existe lo que se llama el Sistema de Interconexión Eléctrica de los Países de América Central (SIEPAC), que es una red de 1,800 kilómetros de transmisión que va desde Panamá hasta Guatemala. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) es la entidad que ha dado la mayor parte del financiamiento para este proyecto. Según el BID, en el año 2013 esta red centroamericana movió 700 GWh [un GWh es igual a mil MWh]; para el año 2022 la cifra fue de 3,100 GWh. Panamá fue uno de los grandes proveedores de esa electricidad. El negocio para un generador eléctrico en nuestro país ya no es nacional, sino centroamericano.
La interconexión eléctrica con Colombia
Desde hace varias décadas se ha impulsado, por la banca multilateral y la diplomacia colombiana, la construcción de una interconexión eléctrica entre Panamá y Colombia que tendría una extensión de 500 kilómetros desde Cerro Matoso, en Córdoba, en la República de Colombia, hasta la ciudad de Panamá.
El proyecto de 800 millones de dólares estaba originalmente concebido para cruzar el tapón del Darién, pero la oposición de ambientalistas y la preocupación de parte de la comunidad internacional por que dicho proyecto implicaba la construcción de gigantescas torres de transmisión en medio de la selva, lo que necesariamente iba a requerir un camino de mantenimiento. En la práctica, eso significaba acabar con el tapón del Darién y abrir aún más esa frontera. Para que se tenga idea de la huella del proyecto, basta saber que el primer tramo del Corredor Norte, en la ciudad de Panamá, se construyó sobre el camino de mantenimiento de las torres de transmisión de la empresa estatal de energía, el legendario IRHE.
Ahora el diseño de la obra tiene un tramo submarino que sale de la frontera de Colombia y entra por Kuna Yala, y de allí baja hacia la Panamericana. La idea del proyecto es que Panamá transfiera hasta 400 MWh a Colombia y viceversa cuando la necesidad así lo requiera. En la práctica, hay un historial problemático con la interconexión existente entre Colombia y Ecuador.
Cuando Ecuador requirió electricidad en los años 2023 y 2024, Colombia le dijo que no, a pesar de que el vecino país enfrentaba apagones de hasta 14 horas diarias. Además, el alto grado de inseguridad que existe en las zonas rurales de Colombia puede facilitar que un guerrillero, un paramilitar o un cartel del narcotráfico ataquen las torres de transmisión de la interconexión eléctrica y dejen a cualquiera de los dos países a oscuras. Por si fuera poco, la Empresa de Transmisión Eléctrica S.A. (ETESA) asumiría parte de la carga financiera del pesado préstamo, lo que significa que tendría una merma en su capacidad de endeudamiento para tratar los requerimientos de la población panameña.
Pura vida
El Gobierno de la presidenta de Costa Rica, Laura Fernández, es la continuación del Gobierno del presidente Rodrigo Chávez. Tal es el grado de continuidad, que el ahora expresidente Chávez es un ministro de Estado en el gabinete de la presidenta Fernández.
En décadas pasadas, Costa Rica capturó una importante cuota del mercado panameño de alimentos con productos lácteos, frutas, confites y hasta flores; fueron exitosas exportaciones del vecino país. A Panamá le ha costado entrar al mercado de Costa Rica en algunos temas, aunque en materia financiera sí hay mucha más compenetración.
Costa Rica necesita a Panamá y Panamá necesita a Costa Rica. Las diferencias en materia de la oferta exportable de Costa Rica deben ser atendidas. Esa no es la forma “fácil” por medio de la cual nuestros productores van a ser más competitivos. Panamá tiene mucho que hacer en materia agroindustrial. La competencia de Costa Rica es fuerte porque ellos ya hicieron las transformaciones que debimos haber hecho nosotros una generación atrás.
Esto no significa ingenuidad comercial. Costa Rica no ha sido del todo equitativa con algunas empresas panameñas. Esto se puede corregir de forma responsable.
Si Costa Rica y Panamá no cooperan, la larga frontera desde Punta Burica hasta Almirante se va a convertir en tierra de nadie. Panamá se beneficia enormemente del turismo de compras de Costa Rica y de la presencia de sus capitales en bancos de la plaza local. Cuando pasa algún desastre en Panamá, Costa Rica es de los primeros países en darnos la mano.
Si no vamos a cambiar la política energética del país, negarnos a vender energía a Costa Rica no es una medida de retorsión, sino una perturbación del SIEPAC. Si Panamá no es confiable para Costa Rica en materia de energía, estamos repitiendo el ejemplo de Colombia con Ecuador.
Por cierto, el Gobierno nacional impulsa el proyecto de un tren Panamá-David-frontera, en cuyo diseño conceptual está la noción de llevar y traer carga de Costa Rica. A ese proyecto no le conviene la falta de cooperación y de comercio entre los dos países.
Si Panamá tomó la decisión estratégica de promover el desarrollo de la generación eléctrica en el país, y así aprovechar la interconexión eléctrica con Centroamérica, que así sea y que se honren plenamente los compromisos.
En caso de que, a pesar de esta interconexión, Panamá se encuentre con una mayor disponibilidad de electricidad que la que puede consumir su mercado actual, la mejor solución no es la interconexión eléctrica con Colombia.
Como país estamos sumamente rezagados en la participación en la nueva economía de la inteligencia artificial. Panamá no produce semiconductores, carece de los miles de ingenieros que se necesitan para tal proeza y tiene un exiguo presupuesto de ciencia y tecnología. Así no vamos a competir.
La mejor opción que Panamá tiene a corto plazo es la de atraer centros de datos que le den soporte a las plataformas de inteligencia artificial y que necesitan decenas o centenares de MWh. Estos centros de datos se beneficiarían enormemente de los nueve cables de fibra óptica que pasan por la zona transístmica del país.
La construcción de cada centro de datos generaría empleos y su operación, al igual que su mantenimiento, requerirían de mano de obra especializada que Panamá puede formar. Así, los centros de datos consumirían energía panameña, generarían divisas y nos insertarían en la economía de la inteligencia artificial.
El Gobierno panameño debe moverse muy rápido en este tema, antes de que Costa Rica nos gane el mandado.
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