Los terremotos de Venezuela: aceleradores del cambio político
30 de Junio de 2026
Por: Rodrigo Noriega
Abogado
Exclusivo para Contrapeso
El 23 de diciembre de 1972, un terremoto sacudió a Nicaragua. La magnitud de los estragos despertó la solidaridad internacional y la generosidad de los propios nicaragüenses para reconstruir su país. La corrupción del régimen del dictador Anastasio Somoza se hizo muy evidente al apropiarse de donaciones y desviar las ayudas internacionales para otros fines. La molestia ciudadana con Somoza empezó a caldearse y fue acumulándose a través de los años, hasta que en 1979 el dictador fue derrocado.
El 26 de abril de 1986, una falla en el reactor nuclear de Chernóbil, en Ucrania, que entonces era parte de la Unión Soviética, representó el mayor accidente nuclear de la historia. El fracaso de las autoridades soviéticas para prevenir el desastre y atenderlo rápidamente provocó que el ala reformista dentro del Partido Comunista tomara el control del gobierno soviético. Tan solo tres años más tarde, el 9 de noviembre de 1989, cayó el Muro de Berlín, y dos años después desapareció la Unión Soviética.
El 29 de agosto de 2005, el huracán Katrina destrozó la ciudad de Nueva Orleans. La aparente ineptitud para atender la crisis por parte del gobierno republicano, que regía los destinos de los Estados Unidos, provocó repudio en ese país. El abandono de sus ciudadanos, sobre todo afrodescendientes, por parte del gobierno federal alimentó el rechazo de las políticas republicanas y aumentó la impopularidad del entonces presidente George Bush hijo, abriéndole las puertas al Partido Demócrata, que llevaría a Barack Obama al gobierno en el año 2008.
El renacer de Venezuela
Los casos anteriormente expuestos demuestran la conexión entre la inapropiada gestión de la respuesta frente a un desastre y las consecuencias políticas que esto puede tener. En el caso de Venezuela, todavía las operaciones de rescate de sobrevivientes están en curso heroicamente, con la esperanza de encontrar los milagros de supervivencia que sirven de inspiración después de una desgracia de tal magnitud. La caracterización de la escala de la tragedia está en borrador: el sistema satelital Copernicus de la Unión Europea ha identificado 434 edificios destruidos, mientras una agencia especializada de la ONU señala que al menos 9,868 edificios han sido dañados o destruidos.
El gobierno de la presidenta encargada Delcy Rodríguez ha adoptado una actitud de aprovechar el momento para aumentar su popularidad tomándose fotos con los rescatistas extranjeros, lo que dilata la atención de las necesidades de los afectados por el desastre. Venezuela está recibiendo el respaldo y la colaboración activa de gobiernos del centro, la derecha y la izquierda. Esa solidaridad tendrá que mantenerse para completar todas las tareas de rescate e iniciar el largo esfuerzo de reconstrucción y recuperación del país. La diáspora de más de 7 millones de venezolanos es parte de ese esfuerzo de rescate y va a ser fundamental para la recuperación de Venezuela.
El actual gobierno venezolano tendrá necesariamente que acelerar las reformas legales e institucionales que le abran camino a la empresa privada y, a su vez, deberá dar al traste con la persecución política y la restricción del retorno de los principales líderes políticos de la oposición. Venezuela tendrá que negociar con la banca multilateral y con importantes países donantes de ayuda económica para evitar que la economía venezolana colapse. Estas negociaciones se pintarán mejor si vienen acompañadas de reformas políticas y económicas.
Un gobierno de unidad nacional
Mucho se ha especulado que en Venezuela se harán elecciones en el año 2027 o en el 2028. Existe una creencia ingenua de que la estructura dictatorial del gobierno de Venezuela ha sido desmantelada. Esto no es del todo cierto. La presidenta Rodríguez y su hermano Jorge, quien es presidente del Poder Legislativo, han expulsado del gobierno a algunos elementos desestabilizadores o conflictivos, pero están muy lejos de desmantelar el aparato de seguridad y de espionaje comunitario, así como la capacidad represora de su gobierno.
La solidaridad internacional hacia Venezuela debe fluir sin restricciones, como lo ha hecho hasta ahora. La siguiente etapa, la de reconstrucción y recuperación económica, debe tener algunos condicionantes como la devolución y reapertura de los medios de comunicación de oposición, el retorno de todos los exiliados e, idealmente, la conformación de un gobierno de unidad nacional que ponga una fecha cierta para las próximas elecciones y que se comprometa a cumplir con hitos específicos referentes a las libertades civiles, la creación de partidos políticos y la prohibición del uso de fondos públicos para actividades proselitistas.
La presidenta Rodríguez debe culminar su gestión en los próximos meses para entregar el poder a este gobierno de unidad nacional, que asumirá el reto económico de la reconstrucción del país y la gran tarea de devolverle a Venezuela el Estado de derecho y la democracia que nunca debió perder. El doblete de terremotos del 24 de junio debe servir para finalizar la transición en Venezuela y para fundar un país con instituciones nuevas, con una vida cívica plena y con el compromiso de todas las fuerzas políticas del país de que nunca jamás caerán en las condiciones de corrupción, concentración de la riqueza y mal manejo del gobierno que le abrieron las puertas al populismo de Hugo Chávez.
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