Soldados al servicio del mejor postor
27 de Julio de 2026
Por: Rodrigo Noriega
Abogado
Exclusivo para Contrapeso
Desde que existen las guerras humanas han existido los mercenarios, tropas conformadas usualmente por extranjeros que combaten a cambio de una remuneración. Las recientes publicaciones de los medios de comunicación panameños, que exponen la participación de jóvenes varones como mercenarios en el conflicto entre Rusia y Ucrania, ponen de relieve una situación de vieja data.
En el año 2015, se conoció públicamente que mercenarios panameños participaban, junto con nacionales de Colombia, Chile y El Salvador, como parte de una fuerza de unos 1,800 soldados latinoamericanos acantonados en la base militar de Zayed, en los Emiratos Árabes Unidos. Su presencia fue fundamental en la guerra civil, apoyada por Estados Unidos, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, por un lado, e Irán, por el otro.
Según The New York Times, que publicó en noviembre de 2015 un extenso reportaje sobre el tema, los latinoamericanos ganaban de 2 mil a 3 mil dólares al mes y, si estaban directamente en el frente de guerra en Yemen, recibían un adicional de mil dólares por semana. De acuerdo con el medio estadounidense, se prefería a los mercenarios latinoamericanos porque “...los musulmanes no matan a otros musulmanes”.
En una publicación del año 2018, la revista británica The Economist documentó, a través de su unidad de inteligencia, que en las fuerzas mercenarias latinoamericanas en Yemen participaban exsoldados colombianos junto con excombatientes de la guerrilla de las FARC. Esto se debe entender como una clara alerta para las entidades de seguridad panameñas, ya que, si nacionales de este país estaban en Yemen junto con exguerrilleros de las FARC, la posibilidad de desarrollar contactos con los carteles colombianos de la droga es muy alta y esto podría convertirse en un riesgo para la seguridad pública del país.
La guerra de Ucrania
El 24 de febrero de 2022, las fuerzas militares de Rusia invadieron Ucrania con la clara intención de derrocar al gobierno de dicho país y anexarlo al territorio ruso. Esto, en realidad, era una continuación de la aspiración del presidente ruso, Vladimir Putin, quien, en 2014, despojó a Ucrania de la región de Crimea luego de un supuesto referéndum popular que no contó con observadores independientes. Según el gobierno ruso, el 95,5 % de los votantes estuvo a favor de que Crimea se convirtiera en parte de Rusia. Desde que empezó la guerra en el año 2022 hasta principios del mes de julio de 2026, se estima que el conflicto ha dejado 1,2 millones de soldados rusos muertos, heridos o desaparecidos y otros 600 mil combatientes ucranianos en la misma situación. Esta brutal sangría les abrió las puertas a los mercenarios.
El 4 de julio del presente año, el diario La Prensa publicó el primero de una serie de artículos de la pluma del abogado Fernando Berguido, en la que se cuenta la historia de un joven panameño con el seudónimo de Dante, quien fue reclutado en Alemania y llevado a Ucrania para pelear del lado ruso. La serie de relatos describe las atrocidades cometidas por los mercenarios y por las tropas rusas, que incluían torturas, canibalismo y la ejecución de personas que eran quemadas vivas. Unas dos semanas más tarde, una madre chiricana apareció en los medios de comunicación declarando desconocer el paradero de su hijo, quien participaba como mercenario junto con las tropas rusas en Ucrania.
Otros testimonios de familiares y hasta declaraciones de uno de los mercenarios panameños confirmaron que un pequeño grupo de compatriotas está participando en la guerra en Ucrania. En una entrevista realizada el pasado 24 de julio por la periodista Castalia Pascual al excomisionado Oriel Ortega, en TVN, este exfuncionario reconoció que, en el año 2010, cuando era jefe de la Unidad de Fuerzas Especiales, hubo una fuga de personal que se fue a Arabia Saudita, Catar y Emiratos Árabes Unidos. De acuerdo con este testimonio, hay al menos dos panameños confirmados que han muerto en el frente de la guerra en Ucrania. Existe, además, conocimiento, según la fuente, de que hay panameños actuando como mercenarios en Sudán.
Responsabilidades y retos para Panamá
Como país que promueve la neutralidad de su Canal y que de ninguna forma es parte del conflicto entre Rusia y Ucrania, ni de los conflictos en Yemen o en Sudán, Panamá tiene importantes responsabilidades en esta materia. Como ya lo hizo el Ministerio de Relaciones Exteriores, se reconoció que 15 panameños están participando en la guerra de Ucrania, en alguno de los dos bandos. De acuerdo con versiones de familiares de algunas de estas personas, fueron engañados con ofertas de trabajo distintas de las tareas de un mercenario.
Según identificó el excomisionado Ortega, en Panamá hay reclutadores que se encargan de buscar personal para este tipo de actividad. El Ministerio Público y la Policía Nacional deberían encontrarlos e investigarlos por el posible delito de trata de personas, ya que, según algunos testimonios, a algunos de estos panameños se les ha obligado a acudir al frente de batalla. Para el Estado hay otro desafío que va más allá de desmantelar las redes de reclutamiento que se llevan a varones panameños a participar en guerras en las que no tenemos injerencia alguna.
Cuando estas personas regresan al país, vienen con una variada experiencia en tácticas y estrategia militar, así como en el uso de armas de toda clase. Algunos de ellos, como explicó el excomisionado Ortega, pidieron licencia de algunos de los cuerpos de seguridad pública y se reincorporaron al final de esta. De los otros no se sabe nada y representan un potencial de crimen y violencia si llegan a formar parte de alguna entidad del crimen organizado.
Otra situación muy delicada para Panamá es que posiblemente alguno de estos mercenarios haya cometido actos de tortura, tratos crueles o vejatorios, violaciones o el asesinato de personas no combatientes, como infantes y niños, mujeres embarazadas, adultos mayores y personas con discapacidad. Si han cometido alguna de estas conductas u otras similares, se trataría de delitos como los crímenes de guerra, los delitos contra el Derecho Internacional de los Derechos Humanos y los delitos contra las personas y los bienes protegidos por el Derecho Internacional Humanitario. Estas son conductas delictivas muy serias y sancionadas con penas muy altas. Cualquier país afectado, o incluso un tribunal internacional, podría pedirle a Panamá que investigue y procese a los mercenarios nacionales, dado que, por una prohibición contenida en la Constitución Política, Panamá no extradita a sus ciudadanos.
Más allá del riesgo para la seguridad y de la necesidad de prepararse para realizar investigaciones por delitos muy serios, hay otra dimensión de esta situación. En la serie de artículos redactados por el abogado Fernando Berguido se hizo evidente que Dante, el mercenario panameño que regresó de Ucrania, enfrenta un infierno personal. Las guerras son experiencias que ponen a prueba los valores, las creencias y el sentido ético de las personas. Cada uno de esos mercenarios, tanto los que fueron engañados como los que fueron voluntariamente, así como los que se reincorporaron a la fuerza pública o aquellos que están entre las luces y las sombras de la vida civil, necesita terapia psicológica. En un país en el que la salud mental ocupa uno de los últimos lugares entre las prioridades del Estado, por el bien de todos y todas, se tienen que acopiar los recursos para atender a este grupo de panameños. La lección más importante que debemos aprender de esta situación es que tenemos la obligación de cuidarnos los unos a los otros y de advertirles enfáticamente a los jóvenes sobre las opciones que escogen en su vida.
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