Las quintas enmiendas del doctor Fauci

3 de Agosto de 2026

Por: Rodrigo Noriega

Abogado

Exclusivo para Contrapeso


El nombre del infectólogo Anthony Fauci es uno de los más odiados por la ultraderecha internacional, los antivacunas de todas las filiaciones ideológicas y los sectores más recalcitrantes de la política estadounidense. Fauci, un servidor público que dedicó más de 40 años de su vida profesional a salvar vidas previniendo el contagio de enfermedades y fomentando las campañas de vacunación, se ha convertido en objeto de escarnio y repudio entre los círculos que rechazan la ciencia moderna.

El nombre del doctor Anthony Fauci debería estar junto al de otros grandes sabios que contribuyeron a la medicina, como Louis Pasteur, Carlos Finlay, William C. Gorgas, Alexander Fleming y Jonas Salk, entre otros. Sin embargo, no lo está porque vivimos en una era de la “posverdad” y de la anticiencia. Fauci es un Galileo moderno, que tiene que enfrentar el rechazo por parte de la gente que precisamente ayudó a salvar.

La audiencia

El Senado y la Cámara Baja de los Estados Unidos ejercen su labor de veeduría de asuntos públicos por medio de audiencias temáticas a las que son invitados expertos o conocedores de primera mano del hecho o situación que se quiere investigar. Ocasionalmente, las dos cámaras son presas de la cacería de brujas ideológica que se repite periódicamente en los Estados Unidos. El ejemplo más famoso de esto fue en la década de 1950, cuando el senador Joseph McCarthy citaba a la comisión que presidía a funcionarios y particulares para cuestionar su patriotismo e insinuar sus vínculos con el comunismo internacional.

En enero de 2025, el entonces presidente de los Estados Unidos, el demócrata Joe Biden, indultó al doctor Fauci por cualquier conducta realizada hasta la fecha de su indulto. Fauci no era investigado por ningún delito, pero el presidente Biden entendía el clima político de su país y que Fauci podía ser uno de los trofeos que los MAGA republicanos quisieran exhibir para mejorar sus simpatías electorales.

Así, durante tres horas, el pasado 29 de julio, el doctor Fauci contestó 112 veces que: “Por consejo de mi abogado, debo invocar mi derecho a la protección de la Quinta Enmienda”. Los republicanos sabían que tenían acorralado al doctor y que su única vía de escape era repetir las mismas palabras que, por más de siete décadas, han servido para proteger la libertad de las personas obligadas a rendir testimonio ante el Congreso de los Estados Unidos. Si Fauci se equivocaba en alguna de sus respuestas o se contradecía, entonces eso permitiría que lo acusaran penalmente por mentirle al Congreso de los Estados Unidos.

La Quinta Enmienda

La Constitución Federal de los Estados Unidos fue redactada en 1787. Nació como un documento enfocado en la arquitectura del gobierno y los límites de los poderes públicos, es decir, los pesos y los “contrapesos”. Esa Constitución no tenía una sola letra sobre los derechos de los ciudadanos. Así, en 1789, bajo la influencia de la Revolución Francesa (aunque esto no les gusta reconocerlo a los constitucionalistas estadounidenses), se introdujeron 10 reformas al texto constitucional conocidas como las “diez enmiendas”. La Quinta Enmienda invocada por el doctor Fauci dice lo siguiente:

“Nadie estará obligado a responder de un delito capital o infame, salvo por acto de acusación de un jurado indagatorio, excepto en las causas que se presenten en las fuerzas armadas terrestres o navales o en la milicia cuando se encuentre efectivamente de servicio militar en tiempo de guerra o de peligro público; tampoco se juzgará dos veces a una persona por el mismo delito de forma que la exponga de nuevo a la pena capital o a otra pena grave; ni se le obligará en ninguna causa penal a declarar contra sí mismo, ni se le privará de la vida, la libertad o los bienes sin los debidos procedimientos de la ley, ni se confiscará la propiedad privada para uso público sin compensación justa.”

Esa Quinta Enmienda contiene cinco garantías diferentes, una de las cuales es la protección contra la autoincriminación, que es parte de todas las constituciones democráticas del mundo y de todos los tratados de derechos humanos referentes a las libertades civiles. Esa garantía constitucional está contenida en el artículo 25 de la Constitución Política de la República de Panamá y es un pilar fundamental de las libertades.

El hecho de que el doctor Fauci haya invocado 112 veces la protección constitucional de la Quinta Enmienda evidencia con total claridad el momento en que vivimos. Cuando un “like” es más importante que la verdad, está en peligro el soporte de las sociedades democráticas. Esa noción de que todos y todas, los que formamos parte de una misma sociedad, entendemos, en términos generales, la misma realidad. Cada cual tiene derecho a su propia opinión o interpretación de esa realidad, pero se debe partir de una perspectiva en común.

Las vacunas

Entre 1974 y el año 2024, las vacunas salvaron al menos 154 millones de vidas alrededor del mundo, sobre todo de niños y niñas. El 60 % de las vidas salvadas, es decir, unos 90 millones de personas, se debió a la vacuna contra el sarampión, según datos de la Organización Mundial de la Salud. De esos 50 años, el doctor Fauci dedicó unos 40 al servicio de la salud pública de los Estados Unidos y, por ende, del mundo.

Las cifras más conservadoras sobre las muertes causadas por la covid-19 son las de la Organización Mundial de la Salud, que señalan que, por el coronavirus de la covid-19 y todas sus variantes, murieron en el mundo 7 millones 83 mil 769 personas. De estas, 1 millón 238 mil 563 murieron en los Estados Unidos.

Entendamos lo que esto significa: Estados Unidos tiene el 4 % de la población mundial, pero tuvo el 16 % de los muertos. Ese es un dato que revela la crítica situación del sistema de salud pública de ese país, pero también descubre los efectos de la desinformación, la resistencia a usar mascarillas y, por supuesto, la fortaleza del movimiento antivacunas.

Nadie le da las gracias al doctor Fauci por las vidas salvadas, dentro y fuera de su país. Se le recrimina por el uso de mascarillas, por las escuelas cerradas, los negocios perdidos y por las afectaciones psicosociales que dejaron tanto la pandemia como el encierro. Claro que se cometieron errores, pero todo se hizo de buena fe y con el principio fundamental de la medicina en mente, aquel que ordena no hacer daño.

Hoy en día, todos los factores ambientales, culturales, económicos y políticos favorecen la aparición de una nueva pandemia. Entidades claves, como el Centro de Control de Enfermedades de Atlanta, los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, la Organización Mundial de la Salud y los fondos para la investigación científica destinada a prevenir enfermedades infecciosas, están todos en peligro.

La deforestación, la pérdida de biodiversidad, el calentamiento global y cualesquiera otros factores que contribuyen a la aparición de nuevas enfermedades o al resurgimiento de viejos padecimientos se van a intensificar en las próximas décadas. Solo basta una persona que estornude, que sude, que llore, que escupa, que bese o que, de cualquier otra forma, transmita sus fluidos corporales contaminados a los demás para que un virus oportunista se aproveche y genere otra pandemia.

El daño causado a la reputación del doctor Fauci es muy serio. Una persona que se dedicó al servicio público por cuatro décadas, cuando perfectamente pudo estar haciendo muchísimo más dinero en el sector privado, es ahora el chivo expiatorio de una escaramuza ideológica. El riesgo para nuestra salud es mucho mayor, ya que para la próxima pandemia no tendremos al doctor Anthony Fauci encargado, y los científicos que pudieran continuar con su legado lo pensarán dos veces antes de inmolarse en la hoguera del fascismo, la ignorancia y la deshumanización del servicio público.

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