Educación panameña: los problemas no son únicamente los ministros
17 de Agosto de 2026
Por: Rodrigo Noriega
Abogado
Exclusivo para Contrapeso
En los 36 años y 8 meses de la era democrática, Panamá ha tenido 13 ministras y ministros de Educación, esto es contando a Lucy Molinar dos veces. El promedio de tiempo que dura un ministro de Educación en el cargo es de 33.8 meses. Molinar, con sus 25 meses como ministra de Educación en el gobierno de José Raúl Mulino, quedó bajo el promedio. En ese mismo periodo de 36 años y 8 meses, el Canal de Panamá ha tenido 4 administradores, es decir, que el término promedio es de 9 años y 2 meses. La inestabilidad en el cargo de los 9 hombres y tres mujeres que han ocupado la cabeza del Ministerio de Educación es una de las razones por las que el sistema educativo panameño tiene resultados mediocres.
La noción de que el sector educativo puede ser gestionado de la misma forma que la Lotería Nacional de Beneficencia o cualquier otra institución del Estado es la primera barrera que impide una mejora significativa del sistema. Si un ministro o ministra, con una agenda de reformas, impulsa el conjunto de iniciativas mínimas que necesita el sector educativo, invierte los dos primeros años de su gestión en diagnósticos, consultorías y diálogos. Las propuestas resultantes quedan sometidas al filtro del realismo político, de que “al gobierno solo le quedan 2 años de gestión y 1 para hacer política”. Con este marco de referencia, lo que termina dominando al sector educativo son improvisaciones o iniciativas muy focalizadas. Por supuesto, le corresponderá al siguiente gobierno iniciar, continuar o abandonar su implementación.
Modelos educativos para pensar
Tomemos la perspectiva de que el siglo XXI requiere una formación educativa personalizada, con una visión social y con la adopción de las nuevas tecnologías y estrategias de aprendizaje. Panamá tiene que mirar lejos para encontrar dos modelos educativos que ejemplifican la excelencia académica, la personalización y una alta competitividad de los egresados. Esos modelos son los de Finlandia y Singapur.
En Finlandia, el niño o niña recibe educación gratuita desde los 3 años hasta la universidad. La educación infantil, preescolar y básica es gestionada por los municipios. El Ministerio de Educación es el encargado del bachillerato y de la educación técnica. El estudiante entra a la educación básica a los 7 años. Recibirá clases por el mismo profesor o profesora durante 6 años, quien deberá tener licenciatura y maestría en pedagogía. En Finlandia se enfatiza el juego y el descanso de los estudiantes, por lo que en la educación básica no hay tareas ni exámenes hasta el octavo grado. A partir del séptimo grado, los profesores serán distintos, y el título de maestría requerido debe ser de la asignatura específica que va a enseñar. Luego viene el bachillerato o educación técnica, que puede durar de 2 a 4 años, dependiendo del estudiante. Con este sistema, Finlandia ha logrado disputar las primeras posiciones en los estudios internacionales comparativos con otros países europeos y asiáticos.
Uno de esos otros países es Singapur. El modelo educativo de Singapur está regido totalmente por el Ministerio de Educación y es mucho más centralizado que el de Finlandia. Singapur está apostando significativamente a la tecnología. Desde la educación básica está incorporada en su educación pública una plataforma de inteligencia artificial que “revisa” la redacción, la solución de problemas, la composición gramatical y la aplicación de la lógica, así como la matemática y las otras asignaturas. La inteligencia artificial no sustituye al profesor, por el contrario, le sirve de prospección de las necesidades que tenga un estudiante y que necesite reforzar tal o cual aprendizaje. Los estudiantes de Singapur cuentan con acceso a tutorías que le permiten fortalecer los aprendizajes obtenidos en las clases. Cada escuela de Singapur tiene pantallas de realidad virtual que le facilitan al estudiante y a los docentes interactuar con redes de especialistas o de estudiantes. El perfil de egreso de un estudiante singapurense es ser capaz de competir académicamente con los mejores del mundo.
Ni en Finlandia ni en Singapur se habla de escuelas rancho, diplomas falsos o letrinas. En ambos sistemas educativos, los estudiantes reciben comidas calientes, y los horarios de asistencia a la escuela son extendidos. Los profesores y profesoras de Finlandia y Singapur están muy bien remunerados; además, tienen mucho reconocimiento y prestigio social. Estos dos sistemas educativos exitosos saben prevenir los fracasos y entienden que el aprendizaje empieza desde el hogar, continúa a lo largo del día hasta que se llega a la escuela y sigue después de haber salido de esta.
Un modelo de gobernanza para Panamá
Existen dos sectores de la gestión del Estado panameño que necesitan un modelo de gobernanza similar al de la Autoridad del Canal de Panamá. Esos dos sectores son el de Educación y Salud. La reforma de la gobernanza del sector educativo se puede hacer sin una reforma constitucional, por lo que no hay excusas para no hacerlo.
En el esquema de una Autoridad Nacional de Educación de Panamá (ANEP), necesitará como precondición un pacto nacional que incluya a las fuerzas políticas, gremios educativos, al sector empresarial, al sector laboral, a las entidades de educación superior y a la sociedad civil organizada. Este pacto debe acordar tres aspectos fundamentales del sistema educativo panameño. El primer aspecto es ¿cómo se conformará la junta directiva de la ANEP? El segundo aspecto es el conjunto de criterios con los cuales se debe seleccionar al administrador/a y subadministrador/a de la entidad. El tercer aspecto son los pilares que guiarán a la renovación educativa panameña.
Sobre la junta directiva de la ANEP, esta debe ser lo más representativa posible y con un periodo de servicio de 9 años para permitir que se puedan formular, implementar, validar y corregir iniciativas educativas de largo plazo. El administrador o administradora debe ser un panameño o panameña de altísimo prestigio personal y de calificaciones profesionales destacadas por su excelencia. Igual para el subadministrador o subadministradora. Su designación no debe coincidir con los ciclos político-electorales. Acompañando a la ANEP, se necesitará dar un salto cuántico en la formación docente. Ese salto no se puede dar con una Normal de Educadores o con una Facultad de Educación.
La nueva educación pública panameña requiere de una Universidad Pedagógica Nacional. La sede principal debería estar en la ciudad de Panamá y su único centro regional debería estar en la ciudad de Santiago, en la provincia de Veraguas. En el área de Perejil de la ciudad de Panamá, languidecen las instalaciones de lo que otrora fue el Colegio Javier. Con la adecuada inversión pública, se pueden recuperar estas estructuras para convertirlas en la sede de la Universidad Pedagógica Nacional. Igual pasa con la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena, que necesita una apropiada renovación. La primera gran meta de esta Universidad Pedagógica Nacional debe ser que para el año 2036 todos los docentes de educación básica tengan una licenciatura universitaria y todos los docentes de premedia y media tengan una maestría.
La educación pública panameña necesita extender el horario de clases. Mientras un estudiante de escuela privada recibe 6 a 8 horas de clases por día, un estudiante de escuela pública está en cuatro horas y media. Además, los salones con 35 o 40 estudiantes deben ser cosa del pasado. La meta nacional debería ser un máximo de grupos de 15 a 20 estudiantes. Esto requerirá construir más salones, más cocinas, cafeterías y más escuelas. Bienvenida sea esa inversión.
La otra gran tarea de la educación panameña es recuperar a los estudiantes que desertaron y, por supuesto, minimizar la repetición de grado por parte de los alumnos. Si un docente tiene conciencia de que a un estudiante le fue mal en el primer trimestre o que está muy débil en sus aprendizajes, entonces ese estudiante necesita refuerzo con tutorías en tiempos reales. Es imperdonable esperar hasta el tercer trimestre para detectar a los estudiantes que van a repetir de grado. Si existen causas no académicas que motivan el fracaso escolar, la ANEP y cada escuela deben contar con gabinetes psicopedagógicos y trabajadores sociales que faciliten el seguimiento de la vida familiar del estudiante.
El epílogo
La situación actual del Ministerio de Educación va a generar mucha desconfianza por parte de la opinión pública y de la ciudadanía en general. Las grandes reformas e iniciativas que debe empujar ese ministerio se pueden ver descarriladas. Sin embargo, hay que mantener el optimismo. Precisamente porque hay elementos para una crisis es que existe la posibilidad de transformar esa crisis en la oportunidad de rescatar al sector educativo panameño. Esto es responsabilidad de todos y todas, ya que quienes somos los más grandes afectados por una educación mediocre somos nosotros mismos. Mientras aquí estemos estancados, en Finlandia, en Singapur y en tantos otros países están avanzando. Si no hacemos lo correcto, Panamá puede perder el siglo XXI.
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