¿Por qué Panamá debe apoyar a Rebeca Grynspan para que sea SecretariaGeneral de la ONU?
21 de Septiembre de 2026
Por: Rodrigo Noriega
Abogado
Exclusivo para Contrapeso
La Organización de las Naciones Unidas está en medio de un proceso de elecciones del cual debe salir el décimo secretario general que la organización ha tenido en sus 81 años de existencia. Por rotación geográfica, la oportunidad le corresponde a América Latina y el Caribe. La persona elegida por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas asumirá ese cargo desde el 1 de enero de 2027 hasta el 31 de diciembre de 2031. El peruano Javier Pérez de Cuéllar (1982-1991) ha sido el único latinoamericano en ocupar el máximo cargo del principal organismo internacional. Este año, las elecciones enfrentan a Estados Unidos y sus aliados, por una parte; a una gran cantidad del resto del mundo, por la otra; y a una tercera facción de países caribeños.
La candidatura más fuerte es la de la economista costarricense Rebeca Grynspan, quien cuenta con una amplia experiencia dentro de la ONU y en organismos como la CEPAL, la Secretaría General Iberoamericana y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, que actualmente preside. A su vez, Estados Unidos apoya al diplomático argentino Rafael Grossi, quien es actualmente director general del Organismo Internacional de Energía Atómica.
El equipo de trabajo de Grynspan se ha reunido con casi todos los gobiernos de América Latina y el Caribe para presentarles el programa de trabajo de la economista. El único país con el cual no han podido tener una reunión oficial es Panamá. El gobierno panameño del presidente José Raúl Mulino, alineado con los designios del presidente Donald Trump, de los Estados Unidos, respalda al diplomático Grossi por encima de los verdaderos intereses de Panamá. Esta decisión puede costarle caro al país ante la posibilidad de que el argentino Grossi no sea elegido.
Un juego de poder
Según los principios fundamentales del derecho internacional público, todos los Estados son jurídicamente iguales. Esta regla ideal no tiene aplicación en la entidad más poderosa del sistema internacional: el Consejo de Seguridad de la ONU. Por un acuerdo realizado a finales de la Segunda Guerra Mundial, se pactó que las naciones victoriosas en ese conflicto, más China, tendrían una participación permanente en el Consejo de Seguridad con un superpoder: el veto de las resoluciones aprobadas por el resto de la membresía. Así, la ONU está amarrada al poder de decisión de Estados Unidos, Francia, Reino Unido, la República Popular China y Rusia. El veto de uno de estos cinco países puede descarrilar cualquier decisión del resto de los miembros permanentes o no permanentes del Consejo de Seguridad. La elección del secretario general de la ONU es el resultado de ese consenso entre las cinco superpotencias.
En la etapa actual, todavía no hay un consenso entre todos los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, que, a través de votaciones, descartan o respaldan a las distintas candidaturas a la Secretaría General. Las tres principales candidaturas son las de Rebeca Grynspan, de Costa Rica; Carolyn Rodrigues-Birkett, de Guyana; y Rafael Grossi, de Argentina. Aunque la candidata guyanesa ha sorprendido por el apoyo recibido, su falta de experiencia administrativa dentro del sistema de las Naciones Unidas y sus abiertas posiciones contra Israel y en defensa de la revolución cubana muy probablemente provoquen el veto de Estados Unidos a su candidatura. A su vez, el argentino Grossi tiene un problema similar, dado que está respaldado por el presidente de su país, Javier Milei. El Reino Unido puede pasarle raya al candidato argentino como medida de retorsión contra los escarceos del presidente Milei con las islas Malvinas.
Hacia finales de esta semana, el 24 de septiembre, el primer ministro de China, Xi Jinping, y el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, van a tener una cumbre. La lista de temas a tratar entre los dos países incluye regular la inteligencia artificial, los aranceles a las importaciones chinas, la invasión rusa a Ucrania y la guerra de los Estados Unidos e Israel contra Irán. China está respaldando la idea de que una mujer sea secretaria general de la ONU. Brasil y China son miembros de la asociación denominada BRICS. Brasil no quiere que Grossi sea el secretario general de la ONU. Si China le solicita a los Estados Unidos que respalde a una mujer para la Secretaría General de la ONU, ¿a quién se le podría dar el respaldo: a la economista costarricense capitalista o a la diplomática guyanesa antiimperialista?
En la votación más reciente de todos los miembros del Consejo de Seguridad, Rebeca Grynspan recibió 9 votos; Carolyn Rodrigues-Birkett recibió 8; y Rafael Grossi recibió solo 5 votos, empatado con un candidato de Uganda, Olara Otunnu, que no tiene chance en este torneo. Estas votaciones son ejercicios de transparencia para visibilizar el apoyo de cada candidatura. La votación real será en el Consejo de Seguridad por los cinco miembros permanentes y se efectuará antes del fin del presente año.
Los intereses de Panamá
El gobierno panameño se ha alineado internacionalmente con las iniciativas diplomáticas y políticas impulsadas por la administración Trump. Por rotación, Panamá ocupa un puesto no permanente en el Consejo de Seguridad. Esto significa que la voz de Panamá tiene un peso mayor y debe visibilizar tanto un respaldo al multilateralismo como a los verdaderos intereses de nuestra región.
Rebeca Grynspan proviene de Centroamérica y conoce muy bien las realidades políticas y económicas que enfrenta un pequeño país centroamericano. Además, su trayectoria se ha proyectado hacia el fortalecimiento de soluciones multilaterales a los problemas comunes de la humanidad y ha tenido que negociar entre la maraña institucional del sistema de las Naciones Unidas y las grandes potencias del mundo. Por si fuera poco, ella es mujer y la ONU, junto con el mundo entero, tiene una enorme deuda con las mujeres. Ellas son las principales actoras del desarrollo sostenible y, a la vez, constituyen la mayor población de personas vulnerables y afectadas por las violaciones a los derechos humanos. Ellas necesitan y merecen que la ONU finalmente las represente.
A Panamá le conviene respaldar a Rebeca Grynspan porque necesitamos que en los más altos organismos internacionales haya personas conocedoras de los desafíos centroamericanos y, en particular, de la vulnerabilidad geopolítica panameña. Se debe recordar que nuestro país, en la Ciudad del Saber, es un hub de agencias de la ONU que necesita ser fortalecido. La crisis de legitimidad y de recursos que enfrenta la ONU requiere de personas capaces de negociar con todas las partes y que entiendan claramente que el mundo no está disponible para el vasallaje en favor de alguna de las superpotencias.
En la nueva realidad del bipolarismo emergente, Panamá y el mundo requieren que se construyan puentes y no que se rompan las conexiones. Quedar bien con Trump no ha sido precisamente una estrategia muy acertada para la política exterior panameña. Quizás valga la pena que quienes insisten en apoyar a Rafael Grossi, dentro del gobierno del presidente Mulino, hagan una lista de todas las humillaciones y ofensas que ha recibido nuestro país del actual ocupante de la Casa Blanca y se pregunten: ¿qué gana Panamá respaldando a un candidato que no nos conviene? No perdamos el tren de la historia.
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