El tablero de 2029 empieza a tomar forma
28 de Septiembre de 2026
Por: Rodrigo Noriega
Abogado
Exclusivo para Contrapeso
La presentación, el pasado viernes 25 de septiembre ante el Tribunal Electoral, de unas 70 mil firmas de respaldo al partido político en formación Vamos fue un golpe contundente a la partidocracia tradicional panameña. Sin el respaldo del gran capital financiero ni la fuerza de decenas de miles de empleados públicos a su favor, Vamos se consolida como líder de la oposición. Es un dato importante porque, en la historia electoral panameña de los últimos 36 años, en cada torneo electoral ha ganado la oposición.
La entrega de los documentos y respaldos de Vamos cerró una semana de fuerte agitación política, con subidas y bajadas, estrategias fallidas y las viejas tácticas de la partidocracia. La semana había empezado con el arrastre de la polémica reunión entre Ricardo Alberto Lombana y Ricardo Alberto Martinelli en Colombia, a lo que se sumó la goleada que recibieron las reformas electorales en la Comisión de Gobierno de la Asamblea Nacional. En ese mismo órgano se aprobaron 32 millones de dólares en traslados de partidas a favor de los diputados, en total ausencia de los representantes de MOCA y Vamos. Por si fuera poco, Martín Torrijos y su UNE siguen avanzando como otra alternativa política.
Si las reformas electorales se convierten en ley, tal y como están, es muy posible que el puñado de iniciativas para formar nuevos partidos termine dejando solo dos nuevos miembros de la familia partidista: Vamos y UNE. Alcanzar el 3% del padrón electoral, es decir, 68,256 firmas válidas, no es tan fácil.
Esto también afectará a los candidatos presidenciales por la libre postulación, dado que el proyecto de reformas electorales que salió del primer debate convierte la firma de un miembro de un partido político a favor de una candidatura independiente en una renuncia tácita. En otras palabras: “firmas y te fuiste”. Si los partidos no les recuerdan periódicamente esta regla a sus miembros, podría darse la situación ridícula de personas que firman a favor de un independiente, quedan renunciadas y luego vuelven a inscribirse en el mismo partido. Esto se puede convertir en una verdadera charlatanería.
El panorama
A más de 32 meses de las elecciones del 6 de mayo de 2029, es prematuro hablar de una tendencia dominante, aunque ya se esbozan algunas líneas en el horizonte.
No parecen existir actualmente las condiciones para convocar una Asamblea Constituyente, dado que el Gobierno Nacional no tiene el capital político para empujarla y ni siquiera en el proyecto de Presupuesto General del Estado se ha incluido un solo céntimo para su financiamiento.
Esto, por supuesto, puede cambiar. Los partidos políticos tradicionales podrían ponerse de acuerdo y apostar por una nueva Constitución como una vía para desatar el doble nudo gordiano que enfrenta la élite política panameña. Por una parte, es evidente que la élite no tiene la intención de hacer cumplir al asilado en Colombia su pena de prisión ni el pago de los 19 millones de dólares de multa.
Además, existe el laberinto jurídico de la mina de cobre, que cualquiera con dos dedos de frente se percata de que no es salvable dentro del actual orden jurídico. Una nueva Constitución podría rescatar la concesión de la mina y permitir una amnistía a los condenados por delitos comunes. Esto, claro está, si los partidos tradicionales ganan el control de la Asamblea Constituyente. Esa apuesta no parece tener las mejores probabilidades.
Si no hay nueva Constitución, tampoco habría amnistía para un expresidente, y la condición de mercado persa de la Asamblea Nacional proseguirá hasta 2029. A medida que avance el periodo presidencial, el primer mandatario verá disminuida su influencia. Creo que la Asamblea Nacional será la principal protagonista hasta finales del actual periodo de gobierno.
La voracidad de las ambiciones personales y la depredación de los fondos públicos demostrada por los diputados de gobierno seguirán creciendo y, a menos que haya una gran protesta nacional o una reacción muy visible del sector empresarial, la cocaína presupuestaria seguirá inundando las curules de los favoritos de la partidocracia.
El horizonte
Si las nóminas presidenciales se tuvieran que articular hoy, ¿cuál sería la oferta electoral disponible? Sabemos que Ricardo Lombana y Martín Torrijos aspiran al solio presidencial. Por parte del PRD, el panorama es un enigma porque sus fuerzas internas no están alineadas, por lo que hacer una lista de presidenciables no tiene sentido. En cambio, cabe la pregunta: ¿estaría dispuesto el PRD a aceptar una vicepresidencia, dados los resultados de la elección presidencial más reciente? El cuestionamiento no es absurdo.
Por el lado de las fuerzas políticas del actual gobierno —RM, CD y Alianza—, si la historia electoral de los últimos 36 años se mantiene, la oposición debería ganar las elecciones de mayo de 2029. Sin embargo, nada impide que presenten una propuesta electoral sólida.
En el gobierno de José Raúl Mulino, los ministros José Ramón Icaza y Juan Carlos Orillac tienen perfil presidenciable, y la ministra de Trabajo, Jackeline Muñoz, también formaría parte de esta lista corta. Otro nombre que aparece ocasionalmente en encuestas es el del empresario David Virzi Martinelli.
En un escenario en el que el PRD lleve candidato propio; RM, CD y Alianza lleven el suyo; Martín Torrijos encabece la nómina de UNE; y Vamos presente a alguien todavía por conocer, ¿cuál sería el rol de los panameñistas?
El partido con más opciones para una candidatura vicepresidencial y, por lo tanto, con mayores posibilidades de conformar nóminas con otros es el Partido Panameñista. Los panameñistas podrían ocupar la vicepresidencia de la nómina de UNE, la de RM y sus socios, e incluso la del PRD. Algo de eso significa tragar sapos, pero así es la política panameña.
¿Y qué pasa con MOCA?
Por la reciente revelación del encuentro Lombana-Martinelli en Bogotá, hay analistas que consideran que esto dañó letalmente la marca personal de Ricardo Lombana y la del Movimiento Otro Camino. Esa posibilidad está dentro del escenario político panameño. Sin embargo, en la práctica política criolla se han dado casos de “muertos” cargando leña.
Es factible que MOCA sufra alguna disminución de popularidad y membresía, pero también hay que reconocer que dentro del partido hay otros presidenciables, como Michael Chen, quien fue el visible candidato a la vicepresidencia por MOCA en 2024.
Ese partido tiene otros nombres que podrían convertirse en candidatas o candidatos competitivos. Una opción que MOCA tendría que evaluar es si está dispuesto a unirse a una coalición, lo que significaría aceptar una candidatura a la vicepresidencia de la República.
Sobre Vamos, lo logrado hasta ahora es muy importante, pero todavía falta mucho por consolidar y organizar. Después de todo, ¿cuál es la ideología o el programa político de Vamos? ¿Es un movimiento de ultraderecha, derecha, centro, centroizquierda o qué?
Está claro que Juan Diego Vásquez no puede ser candidato presidencial hasta 2034. En un supuesto en el que se redacte una nueva Constitución, no parece probable que los partidos tradicionales respalden bajar la edad mínima para aspirar a la Presidencia de 35 a, digamos, 30 años. No se van a pegar un tiro en el pie.
Esta realidad lleva a entender que el candidato o candidata presidencial de Vamos será otra persona. El colectivo tiene a uno de sus fundadores, el exdiputado Gabriel Silva, y cuenta con diputados y diputadas como Janine Prado, que pudieran dar la pelea. Otro nombre importante es Javier Yap Endara, de ascendencia familiar panameñista, pero comprometido con Vamos.
Seguramente hay otros nombres dentro del partido que merecen consideración como futuros presidenciables.
2029: lejos y cerca
El domingo 6 de mayo de 2029 parece una fecha remota. Todavía hay demasiada agua que pasará bajo el puente del devenir político. La justicia panameña debe pronunciarse sobre casos de corrupción de alto perfil, y eso puede tener consecuencias sobre el panorama electoral.
La pasarela de los imputados en casos de corrupción del gobierno pasado puede salpicar a algunos interesados en competir por la Presidencia de la República. Existe, además, el imponderable elemento de la geopolítica internacional. Si las guerras actuales se intensifican o expanden y el precio del barril de petróleo alcanza los 150 o 200 dólares, tendremos un Panamá distinto.
Igualmente, si se reabre plenamente la mina de cobre de Donoso y regresan las protestas masivas de 2022 y 2023, la fuerza de ese activismo ciudadano potenciará ciertas trayectorias electorales.
Esta reflexión no tiene conclusión. Todavía hay demasiado por definir dentro de los partidos, en las reglas electorales, respecto a la Constituyente y frente a eventos inesperados. Por eso aún no se puede afirmar con certeza cuál será el marco en el que los panameños y panameñas tomarán su decisión en 2029.
Pensé que el voto de 2024 sería predominantemente antisistema; sin embargo, dominó el voto económico, la búsqueda del “chen chen”. ¿Qué van a hacer esos votantes que no recibieron el chen chen? Ellos bien pueden volver a decidir la elección presidencial.
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