¿El plan es reconstruir la pobreza?
19 de Octubre de 2026
Por: Rodrigo Noriega
Abogado
Exclusivo para Contrapeso
Mientras las donaciones y la asistencia humanitaria continúan llegando a las comunidades más recónditas de las provincias centrales y de otras áreas afectadas en Colón, Panamá Oeste, Chiriquí, Bocas del Toro y la comarca Ngäbe, en paralelo se ha iniciado la reconstrucción de viviendas en distintas comunidades, desde Chigoré, en Coclé, hasta San Félix, en la provincia de Chiriquí. El compromiso del gobierno es que todas las viviendas que serán construidas como parte de este esfuerzo estén diseñadas como sismorresistentes.
Al igual que las viviendas, la infraestructura pública, como carreteras, puentes, acueductos, muelles, escuelas, hospitales, cuarteles de bomberos y de policía, y múltiples iglesias, es parte de un esfuerzo mucho mayor de reconstrucción, que claramente tomará años para estar completo. Algunas de las áreas más impactadas por el movimiento telúrico y sus cientos de réplicas son zonas de pobreza y marginación. El proceso de reconstrucción no tiene por qué restablecer un viejo orden de inequidad, que perfectamente puede transformarse con algunas medidas y acciones puntuales.
Reconstruir y transformar
El historiador israelí Yuval Noah Harari dijo que «toda crisis es también una oportunidad». El terremoto del 9 de octubre ha causado una crisis principalmente en las provincias centrales. Ciertamente, es un desperdicio volver a construir las viviendas de los afectados en los mismos lugares y con las mismas circunstancias de inequidad y marginación social. Una familia campesina de Tonosí que vivía en la pobreza y el olvido y perdió su hogar, pero que ahora, producto de la reconstrucción, va a tener una casa nueva, sigue estando en la pobreza y el olvido. Está claro que estamos contra el tiempo y que la población necesita respuestas rápidas, pero el gobierno nacional y los gobiernos locales pueden hacer mucho más.
La primera gran tarea es planificar por medio de un ordenamiento territorial sismorresistente y resiliente al cambio climático y a la crónica escasez de agua que sufre la región. Con esta herramienta se pueden potenciar las capacidades y los recursos en esta área del país, la más seca y que ya estaba sufriendo los estragos del fenómeno de El Niño. Con una planificación en mano, se debe articular un esquema especial de gobernanza para las provincias centrales, que promueva el alineamiento de las inversiones públicas y facilite la coordinación de los recursos humanos del Estado para mejorar la cobertura y calidad de los servicios públicos. Esto se puede lograr con una superintendencia establecida por ley, que gerencie de forma integral el territorio de las provincias centrales e integre respuestas multiinstitucionales para atender las necesidades de esta población.
El segundo nivel de este esfuerzo debe estar focalizado en la reducción de las desigualdades. Existen factores como la baja productividad de los suelos, el rezago tecnológico, las afectaciones climáticas y las plagas que afectan a la producción agropecuaria. Para los pescadores de las provincias centrales, sus desafíos son amplios e incluyen falta de acceso al crédito, débil asociatividad, altos costos de operación, ausencia de una economía de escala y fallas en la cadena de comercialización. En cuanto a los artesanos, tienen una excesiva dependencia del «fiado», sus productos no son apropiadamente compensados y el esfuerzo de creación y elaboración les resta tiempo para otras tareas que favorecerían el bienestar familiar. Esta descripción no es exhaustiva y seguramente es demasiado genérica, pero expone el panorama de realidades sociales y económicas que enfrentan estas provincias.
La dimensión de la tercera edad
Las provincias centrales, en particular Herrera y Los Santos, enfrentan una situación de envejecimiento significativo de su población. Por razones históricas, la juventud de Azuero migró hacia el área metropolitana en busca de mayores oportunidades económicas. Esto ha tenido como efecto que en los pueblos y caseríos sea preponderante la población de adultos mayores. Esta es una situación que aumenta la vulnerabilidad e incrementa la pobreza.
Los adultos mayores son más propensos a enfermedades, tienen una menor capacidad física y su posibilidad de generar ingresos se ve reducida. Aquí es donde una buena estrategia de reconstrucción puede hacer una gran diferencia.
Es evidente el aislamiento que existe entre viviendas en estas zonas rurales, por lo que se pueden construir pequeñas barriadas rurales en las que cada cual tenga su propio predio con su producción agrícola o la crianza de los animales que así escoja y, a la vez, mantenga una cercanía relativa con sus otros vecinos. Esta comunidad se vuelve la primera línea de defensa y protección de estos adultos mayores.
Existen roles destacados para el Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA) y para el Ministerio de Desarrollo Social (MIDES). El MIDA debe transferir nueva tecnología para la producción agropecuaria y capacitar a los productores en prácticas productivas más eficientes. Un potrero sin pasto mejorado, con unas vacas carentes de la adecuada suplementación mineral de sus dietas, es una producción destinada a generar más pobreza. Mientras que unas vacas con pasto mejorado, buena sombra y una dieta enriquecida pueden empujar a muchas familias hacia la prosperidad.
En el caso del MIDES, su enfoque principal es el de administrar programas de transferencias monetarias condicionadas a distintas poblaciones. El MIDES necesita adoptar un esquema de provisión de servicios. Azuero puede ser un gran laboratorio para esto. El MIDES debería conformar equipos de campo conjuntamente con otras entidades. Estos equipos estarían integrados por trabajadores sociales y enfermeras o paramédicos que tendrían la responsabilidad de visitar, idealmente, varias veces a la semana a los adultos mayores. Se verificarían su estado de salud, su alimentación, sus condiciones de vida, su actitud y su conducta. De esta forma, el MIDES lideraría una estrategia prospectiva del estado de los adultos mayores que serviría para evitar numerosas otras situaciones que afecten su calidad de vida y disminuir su vulnerabilidad.
Isla Cañas
Probablemente, la situación de la población de Isla Cañas sea de las más excepcionales de todas las comunidades afectadas. Es evidente que Isla Cañas es sumamente vulnerable y que fenómenos como el cambio climático u otro sismo pueden provocar nuevos estragos en esta isla. Respetando la sensibilidad que este tema puede tener para los pobladores de esta isla, el gobierno nacional deberá considerar la opción de llevar a cabo un reasentamiento de esta comunidad en una ubicación en tierra firme, mucho más segura y menos riesgosa para sus pobladores.
Todo reasentamiento es traumático, pero un mayor trauma se produce cuando se pierde un hogar, se reconstruye en el mismo sitio y luego se vuelve a perder. De acuerdo con los estudios internacionales, Isla Cañas, al igual que Mensabé, La Enea de Guararé, Parita y Río Hato, son zonas extremadamente vulnerables, en las provincias centrales, al ascenso del nivel del mar que ya está en curso. Esta es la oportunidad para evitar esa amenaza y garantizarle a la población de Isla Cañas una vida estable, un alto bienestar y sin esos riesgos para su salud y su patrimonio. Isla Cañas pasaría a ser un área protegida, como lo es Isla Iguana.
Un proceso de reconstrucción desarrollado con una perspectiva holística puede representar una inversión pública mayor de la que el actual gobierno quiere realizar. Sin embargo, un proceso bien planificado, acompañado de una estrategia de largo plazo y de instituciones dispuestas a transformar vidas desde la pobreza y la desigualdad hacia la prosperidad compartida y la inclusión, le conviene más al crecimiento económico de Panamá, favorece la paz social y atraerá turismo e inversiones. La excelente reputación de las edificaciones panameñas que sobrevivieron intactas a la sacudida de un terremoto mayor debe ser acompañada por una excelente recuperación fundamentada en la sismorresistencia, la resiliencia al cambio climático, la modernización productiva y la inclusión social. Panamá bien puede convertirse en una referencia para las construcciones y para la recuperación de eventos sísmicos traumáticos.
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