Cosas que no entiendo de Panamá: ¿qué fue la masacre de Matachín?

24 de Julio de 2026

Por: Esperanza Villalobos

Exclusivo para Contrapeso


El 10 de junio el MOP confirmó la demolición de la antigua estación del ferrocarril de Balboa para la construcción del cuarto puente sobre el Canal de Panamá. Un lugar que muchos debaten debió conservarse para la construcción de un museo, para recordar el primer ferrocarril interoceánico del mundo. El asunto es que, según el libro Cómo, Cuándo y Por Qué Llegaron los Chinos a Panamá, de Berta Alicia Chen, ya teníamos planeado uno. Y su oscura historia podría hacerte entender por qué no conservamos con orgullo los restos del ferrocarril.

En 1846, se le entrega a los Estados Unidos la concesión del ferrocarril. La empresa encargada sería la Panama Railroad Company. Cuando inició su construcción, se intentó contratar obreros estadounidenses, quienes no aceptaron el empleo debido a los peligros del istmo: enfermedades tropicales, un clima incontrolable, la densa selva y sus bestias, desde mosquitos hasta culebras.

La compañía buscó una solución. No mejoró las condiciones laborales, buscó mano de obra barata. Se publicaron anuncios en los periódicos de todo el mundo para reclutar obreros. Es ahí cuando solicita el primero de muchos embarques de chinos.

En 1852, zarpó a Panamá el primer cargamento de 300 chinos, donde murieron 72 tripulantes. La mortalidad de los barcos era un problema, pero no detuvo la compra de más chinos. Después de todo, su salario era de entre $4 y $8 mensuales, un tercio menos que el salario del trabajador blanco. Muchos viajaron para mejorar sus condiciones de vida y las de sus familias, engañados o secuestrados, a un país donde no conocían el idioma y eran vistos de manera extraña.

El Campamento de Matachín, ubicado a las orillas del río Chagres, era un importante asentamiento utilizado por la compañía para mantener a los trabajadores extranjeros alejados de la ciudad y evitar las molestias a la población del istmo. Y es que ni entre los inmigrantes se toleraban. Los irlandeses no toleraban a los chinos. Por motivos raciales y religiosos, envían una carta que se publicó en el New York Herald, acusando a la Panama Railroad Company de traficar con drogas por brindar opio a los trabajadores chinos. Los directores de la compañía suspendieron el suministro.

Esta decisión afectó la moral de los trabajadores. Más de 500 chinos optaron por quitarse la vida, dando lugar a los suicidios masivos de Matachín. No era adicción, era lo único que tenían. El ingeniero George Totten dejó escrito que nunca olvidaría la mañana en la que vio a más de un centenar de personas colgadas de los árboles, usando sus propios cabellos trenzados como soga.

Lo peor fue que esto dejó cuerpos no reclamados. A la compañía se le ocurrió conservar los cadáveres en barriles para poderlos vender a las escuelas de medicina y a los hospitales alrededor del mundo. Fue cuando a J. A. Totten, director del hospital de Aspinwall, se le ocurre la idea de exponer esqueletos para un museo de obreros de todas las razas de trabajadores del ferrocarril.

Se estima que murieron más de 12 mil personas durante la construcción del ferrocarril. Además de conservar sus paradas y preservar su infraestructura, nos hacen falta espacios para homenajear las vidas que costó este proyecto.

¿Creen que hace falta un museo para el ferrocarril?

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