Listas internacionales, reputación institucional y coherencia estratégica
17 de Marzo de 2026
Exclusivo para Contrapeso
La permanencia de Panamá en la lista de jurisdicciones no cooperantes en materia fiscal de la Unión Europea ha reactivado una narrativa que merece análisis más allá del plano político inmediato: la caracterización oficial y de ciertos medios de dichas listas como “discriminatorias”.
El término, utilizado de forma intencional en el debate público, presupone un trato injusto, arbitrario o políticamente motivado.
Sin embargo, simultáneamente, el discurso oficial sostiene que el país continuará realizando los ajustes necesarios para lograr su exclusión en futuras revisiones.
La coexistencia de ambos planteamientos plantea una tensión conceptual que puede analizarse desde la teoría institucional y la economía política.
Es siempre oportuno recordar que la permanencia de Panamá en la lista de la Unión Europea, última lista en la cual permanece, tiene impacto en la inversión extranjera.
I. Instituciones, incentivos y credibilidad
Douglass North definió las instituciones como las reglas del juego que estructuran los incentivos en una sociedad. Estas reglas —formales e informales— determinan costos de transacción, previsibilidad y, en última instancia, desarrollo económico.
Desde esta perspectiva, las listas internacionales no son meramente instrumentos políticos: funcionan como mecanismos de evaluación externa de la calidad institucional.
No se trata simplemente de reputación abstracta. Se trata de cómo los actores económicos internacionales perciben: la coherencia del marco normativo, la aplicación efectiva de las reglas, la estabilidad y previsibilidad del entorno regulatorio y la capacidad real de supervisión y cumplimiento.
Cuando un país como Panamá reacciona ante una evaluación externa calificándola de discriminatoria, pero al mismo tiempo insiste en que cumple en exceso y anuncia reformas para cumplir los estándares evaluados, surge una pregunta institucional fundamental: ¿estamos ajustando las reglas del juego por convicción estratégica o por presión circunstancial?
North enfatizaba que el desarrollo sostenido depende de instituciones creíbles y consistentes en el tiempo, no de respuestas episódicas ante shocks externos.
II. Reputación regulatoria como activo estratégico
La reputación regulatoria no es un concepto retórico; es un activo económico.
Los mercados financieros, las jurisdicciones corporativas y los centros logísticos compiten no solo por costos, sino por confianza. La confianza reduce primas de riesgo, facilita acceso a capital y disminuye costos de cumplimiento transfronterizo.
En ese contexto, las listas internacionales operan como señales reputacionales agregadas.
Aquí, ante la coyuntura creada por el estilo de respuesta panameño, resulta relevante distinguir entre dos estrategias:
● Estrategia defensiva
Enfatiza, usando argumentos ad hominem, el carácter supuestamente injusto o político de la evaluación externa. Busca crear un enemigo externo, preservar legitimidad interna y reducir costos reputacionales domésticos.
● Estrategia estructural
Acepta que la reputación internacional es un activo que requiere inversión continua en transparencia, supervisión y coherencia fiscal. Hace cambios, tratando de que sean los mínimos posibles.
La primera puede ser útil políticamente. La segunda es sostenible económicamente.
La tensión surge cuando ambas se presentan sin una articulación clara ni coherente.
III. Teoría de signaling y credibilidad internacional
La teoría económica del signaling de Spence aporta un marco adicional.
En entornos donde existe asimetría de información, los actores envían señales para demostrar calidad. Sin embargo, una señal solo es creíble si es costosa y verificable.
Aplicado al caso panameño, vemos claramente:
● Aprobar normas sin aplicación efectiva es una señal débil.
● Adoptar reformas estructurales con evidencia empírica verificable (estadísticas, sanciones, supervisión real) constituye una señal fuerte.
Por ejemplo, Singapur e Irlanda han invertido en sustancia económica para atender presiones de listas.
Si Panamá adopta reformas únicamente cuando es incluido en listas, el mensaje implícito puede ser interpretado como cumplimiento reactivo y no como compromiso estructural.
La credibilidad internacional se construye cuando la señal es consistente en el tiempo, incluso en ausencia de presión externa inmediata.
IV. Reforma instrumental vs. reforma institucional
En mi conferencia de octubre de 2017, publicada posteriormente en mi blog, señalé que las reformas institucionales más sólidas no se logran bajo lógica de imposición, sino cuando se integran como parte del proyecto nacional.
He reiterado en distintos escritos posteriores que la transparencia fiscal, la identificación efectiva de beneficiarios finales y la sustancia económica real no son concesiones, sino condiciones necesarias para competir en un entorno regulatorio global cada vez más exigente.
Desde la teoría institucional, podemos distinguir:
● Reforma instrumental: cambiar para salir de la lista.
● Reforma institucional: cambiar para modificar incentivos estructurales y fortalecer la credibilidad sistémica.
La primera responde a presión. La segunda responde a diseño estratégico.
V. Narrativa de victimización y economía política
Caracterizar las listas como discriminatorias puede cumplir una función política doméstica (más bien politiquera): cohesiona apoyo y desplaza responsabilidad externa.
Sin embargo, desde la economía política, la narrativa de victimización puede generar efectos adversos:
● Reduce presión interna para reformas profundas y reales.
● Refuerza sesgos cognitivos defensivos.
● Transforma un debate técnico en uno emocional.
● Debilita el aprendizaje institucional.
Las instituciones evolucionan cuando existe reconocimiento de brechas reales, no cuando se atribuye exclusivamente la responsabilidad a factores externos.
VI. Sustancia económica y coherencia estratégica
El debate actual con la Unión Europea no gira únicamente en torno a intercambio de información —área en la cual Panamá realizó avances significativos— sino en torno a sustancia económica y coherencia del régimen fiscal.
La sustancia económica implica que las estructuras societarias tengan actividad real, dirección efectiva y contribución económica verificable.
Desde la perspectiva de signaling, la sustancia es una señal fuerte: es costosa, observable y difícil de simular.
En cambio, normas formales sin aplicación efectiva constituyen señales débiles.
VII. Coherencia discursiva y proyecto de país
En línea con lo anterior, la ambigüedad discursiva no solo afecta la credibilidad externa, sino también la interna.
Un país como Panamá puede cuestionar la consistencia o proporcionalidad de ciertos criterios internacionales. Eso forma parte de la diplomacia y la negociación.
Lo que genera fragilidad institucional es la ambigüedad no resuelta:
Si la lista es puramente injusta, la respuesta debería ser exclusivamente política.
Si existen brechas estructurales, la respuesta debe ser institucional.
Ambas posiciones pueden coexistir solo si se distingue claramente entre:
Crítica técnica a la metodología externa.
Compromiso interno con mejora estructural.
De lo contrario, se produce una disonancia que afecta la credibilidad.
VIII. Más allá de la lista: reputación como inversión de largo plazo
La pregunta estratégica no es si la lista es discriminatoria.
La pregunta es si queremos un sistema cuya legitimidad dependa de evaluaciones periódicas externas o un sistema cuya robustez haga irrelevante la discusión sobre listas.
La teoría institucional sugiere que el desarrollo sostenido depende de reglas claras, aplicación consistente y credibilidad acumulada en el tiempo.
Reformar por convicción es más complejo políticamente que reformar por presión. Pero es más estable, más creíble y más competitivo.
Salir de una lista puede ser un objetivo inmediato. Construir instituciones sólidas es un proyecto generacional.
La diferencia entre ambos define no solo la narrativa, sino el futuro económico del país. Siempre me apuntaré al segundo objetivo. Lento, difícil, no inmediato, pero es el necesario, correcto y de beneficio colectivo real, que pueda ser apreciado y sentido, además de medido.
Por: Carlos Barsallo
Abogado
Más de Desde el margen