La confianza no se decreta
31 de Marzo de 2026
Exclusivo para Contrapeso
La ética en el servicio público como respuesta a una ciudadanía que ya no cree en promesas, sino en conductas verificables.
Por invitación de la Procuradora de la Administración, Grettel Villalaz de Allen, he participado en una entrevista sobre la dimensión ética del servicio público. Comparto aquí, para el lector, las ideas centrales desarrolladas en ese diálogo.
Cumplir la ley no es suficiente.
Es apenas el punto de partida.
La ciudadanía hoy exige algo más: una conducta ética consistente.
Cumplir la ley es obligatorio.
La ética es lo que genera confianza.
Y eso es precisamente lo que hoy está en crisis.
Vivimos en un contexto de profunda desconfianza. Casi 8 de cada 10 panameños desconfían del sistema de justicia y consideran que, si denuncian un caso de corrupción, no pasará nada. (CIEPS, encuesta diciembre 2025).
No se trata de una percepción aislada ni de un fenómeno reciente. Es el resultado de experiencias acumuladas a lo largo del tiempo, muchas de ellas sin consecuencias.
La ética, en este contexto, cumple una función esencial: generar confianza.
El marco existe, el problema es su aplicación
Panamá no carece de normas.
El Código de Ética del servidor público es amplio y cubre todo el ciclo de la función pública.
Antes del cargo: no se debe aceptar —ni otorgar— un nombramiento si no se tienen las competencias necesarias. El primer acto de corrupción puede ser precisamente ese: aceptar un cargo para el cual no se está preparado.
Durante el ejercicio: se exige actuar con integridad, evitar conflictos de interés, declararse impedido cuando corresponde y mantener una conducta sobria y responsable.
Después del cargo: se espera coherencia. La ciudadanía observa —y cuestiona— los cambios de rol y la llamada “puerta giratoria”.
El problema, entonces, no es la falta de reglas.
Es su aplicación real.
La desconfianza no es percepción, es experiencia
La desconfianza ciudadana no se limita a las instituciones. También se extiende a las relaciones entre las personas. Una proporción significativa de los panameños considera que sus propios conciudadanos son poco confiables.
Esto agrava el problema.
Cumplir la ley, por sí solo, no revierte esta situación.
La confianza no se decreta. Se construye —o se pierde— a partir de conductas visibles y repetidas.
El liderazgo ético no se proclama, se demuestra
Aquí está el punto central.
El liderazgo ético no se declara ni se decreta.
Se demuestra.
No es “haz lo que digo”.
Es “mira lo que hago”.
Como advirtió James Baldwin: “No puedo creer lo que dices, porque veo lo que haces.”
El doble discurso destruye la credibilidad.
Y dentro de las instituciones, todos lo detectan con rapidez.
La cultura institucional siempre refleja el comportamiento de su liderazgo.
Por eso, el ejemplo no es un elemento adicional. Es el elemento determinante.
Ciudadanía activa: condición necesaria
La ciudadanía tiene un rol central, pero no puede ser pasiva.
Vigilar implica informarse, revisar, analizar y criticar con fundamento.
Hoy existe más información que nunca, gracias a avances en transparencia. Pero esa abundancia también genera un riesgo: la saturación. No basta con que la información esté disponible. Es necesario saber buscarla, entenderla y evaluarla críticamente.
La crítica sin información no ayuda.
La vigilancia informada sí genera cambios.
Formación ética: menos teoría, más realidad
La formación ética continua es indispensable.
Pero es necesario entender un punto clave:
Las faltas éticas no suelen ocurrir por desconocimiento de las reglas.
Ocurren por presión, ambición, urgencia o sensación de impunidad.
Por eso, la formación ética debe evolucionar.
Menos repetición de normas.
Más análisis de casos reales.
Mostrar qué se hizo bien —y por quién—, qué se hizo mal, cuáles fueron las consecuencias y qué lecciones se pueden extraer.
Repetir códigos no forma criterio.
La experiencia aplicada sí.
Incluso en la formación existe el riesgo de simulación: cumplir formalmente con el requisito sin cumplir el propósito. Ese es un error que debe evitarse.
Un punto de partida, no de llegada
Recuperar la confianza no es tarea de una sola institución.
Es una responsabilidad compartida.
Pero empieza por lo básico: entender que cumplir la ley es el mínimo.
La ética es lo que realmente hace la diferencia.
Y, sobre todo, empieza por el ejemplo.
Por: Carlos Barsallo
Abogado
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