La lentitud como forma de poder

2 deJunio de 2026

Por: Carlos Barsallo
Abogado


Exclusivo para Contrapeso

En Panamá muchas veces no se derrota una idea. Solo se la deja esperando.

Los procesos son muchas veces eternos, las reglamentaciones tardías, los fallos demorados, la prescripción usualmente presente y el desgaste persistente.

A veces el poder no necesita ganar; solo necesita esperar.

Ejemplos:

● Uno escucha y lee sobre citas para atención médica en la seguridad social que se dan luego que el paciente ha fallecido. Todo cambia y se siente muy diferente cuando el paciente es un familiar político de uno. Lo que se siente al contestar a una persona que lo llama a uno para avisar que se puede acudir a la cita para el examen médico, semanas luego que el familiar falleció, es muy difícil de describir.

● Uno ve que las leyes no se reglamentan a tiempo. Estudia los casos donde se solicita opinión a la Procuraduría para que opine si la ley puede implementarse o es necesario esperar a su reglamentación. Y los años pasando. Y el ciclo se repite. Misma consulta, una y otra vez.

● Uno observa la supuesta solución al problema: ordenar en la propia ley un plazo fatal para que la ley sea reglamentada. “Esta ley deberá ser reglamentada a más tardar seis meses después de su promulgación”. Tampoco funciona siempre. Uno lo ve, y ve cómo se repite la historia. Ejemplos: la ley del contador requiere que se emita el código de ética en seis meses. El código se emite seis años después. Cuarenta años después la historia se repite. Se dicta norma y se debe emitir, por mandato legal, el código de ética. Van más de cinco años y no se emite.

● Estados financieros de la Caja de Seguro Social debidamente auditados no se generan, en forma y tiempo oportuno. Se vive y se toman decisiones sin ellos.

● Respuestas a la ley de transparencia, requeridas en 30 días, no se dan. Se usa el permiso que da la propia ley de pedir una extensión de 30 días. El funcionario, cuando se acerca el día 30, avisa al peticionario de la información que no la tendrá lista y pide 30 días más. Al repetir constantemente esta forma de actuación, la excepción se vuelve la regla.

El tema es sociológico y cultural. Sin caer en lo doméstico, lo ejemplifico con un caso doméstico, si puedo permitirme la contradicción.

Sigo las reglas lógicas. Al dejar ropa en lavandería para servicio, acuerdo con el proveedor del servicio la fecha exacta en que quiero recibirlo. Entiendo que todo queda listo y acordado.

La voz de la experiencia, mi esposa, me explica que no funciona así.

Debo proceder diferente. Si quiero el servicio para el miércoles, debo indicar que lo quiero para el lunes. De solicitar que sea para el miércoles, cuando vaya a retirarlo el miércoles pactado, el servicio no estará listo. Es un engaño colectivo y un juego con el tiempo. Ambas partes lo jugamos y nos engañamos.

No me es fácil entenderlo, pero así funciona. Un servicio doméstico y casi artesanal.

Contrasta con servicios tecnológicos y modernos donde el usuario solicita, por ejemplo, comida por una aplicación y puede saber minuto a minuto por dónde va el pedido y la hora exacta de la llegada, con consecuencias en caso de que no se cumpla lo estipulado. Esto último, la consecuencia, es muy importante.

No basta solo la tecnología y el poder saber (transparencia). Tiene que haber consecuencias. Si bien en estos casos se requiere voluntad para cambiar, inicialmente la tecnología podría ayudar, aun cuando sea parcialmente. ¿Cómo?

Quitándole el caso o trámite a quien lo tiene y lo mantiene demorado, y dárselo automáticamente a otro que no deje al usuario esperando.

En Panamá, la brecha entre los servicios modernos (delivery, banca digital, etc.) y los servicios estatales tradicionales es abismal. Esa brecha genera frustración creciente porque el ciudadano ya sabe cómo debería funcionar.

En algunos servicios administrativos o judiciales, por ejemplo, refrendos de Contraloría o procesos judiciales, es posible ver por dónde va cada una de las etapas del trámite o caso. No obstante, cuando llegan a un punto muerto, por ejemplo, cuando lo único que queda es emitir el fallo, el usuario solo se queda esperando y no pasa más nada que el tiempo. Y lo puede ver, gracias a la transparencia, pero sin consecuencias.

Poder ver en tiempo real que tu trámite está detenido en el escritorio de alguien desde hace ocho meses es frustrante, pero no cambia nada si no hay costo para ese alguien.

Solo se nos deja esperando.

WhatsApp Compartir en WhatsApp
Siguiente
Siguiente

Las victorias invisibles: pequeñas batallas contra grandes inercias