Cincuenta columnas: lo que cambia y lo que permanece.

28 deJulio de 2026

Por: Carlos Barsallo
Abogado

Exclusivo para Contrapeso


Llevo más de 40 años escribiendo en distintos medios. Hoy publico la columna número 50 de Desde el Margen en Contrapeso Panamá.

La ocasión invita a reflexionar sobre tres cuestiones: cómo han cambiado los medios, cómo ha cambiado el proceso de escribir y, sobre todo, qué es lo que no ha cambiado.

Los formatos, los canales y las herramientas han mutado radicalmente. Sin embargo, en mi caso los temas centrales siguen siendo los mismos, con matices y mayor profundidad: transparencia, integridad, ética, gobierno corporativo, prevención de lavado de activos y rendición de cuentas. Y persiste, intacta, la necesidad de pensar, escribir y debatir sobre ellos.

¿Por qué escribo?

Enrique Jaramillo Levy lo dijo con claridad: se escribe para saber, para salir de la oscuridad, para dejar constancia de lo injusto, lo frágil, lo valiente y lo cobarde. Se escribe, en última instancia, para no conformarse. La escritura es una forma de negarse al silencio y de combatir la ignorancia con argumentos.

No escribo para resignarme a lo que hay, sino para imaginar y exigir lo que puede ser.

La tecnología ha transformado radicalmente la forma de publicar ideas, pero no ha eliminado la necesidad de tener ideas propias. Pasé de Valor Razonable en La Prensa (una vez al mes, 500 palabras, sin video) a Desde el Margen en Contrapeso Panamá (una vez por semana, extensión libre y un video de un minuto por columna).

Cincuenta columnas en diez meses equivalen a cuatro años de columnas mensuales en La Prensa. He grabado 46 videos, algo que aún me cuesta: prefiero escribir. Grabar me obliga a simplificar y a comunicar de otra manera. Es incómodo, pero necesario. Hoy llego a más lectores y a públicos más diversos, como lo demuestran las estadísticas de artículos como “La obsesión panameña con la reputación”, “Prescripción de deudas: el veto no borró el problema” y “Conflicto de intereses: cuando la excusa genera más preguntas que respuestas”.

El lector también cambió. Antes esperaba la columna impresa; hoy le llega por WhatsApp, X, LinkedIn o YouTube. Muchas veces ve primero el video y luego decide (o no) leer el texto.

Sin embargo, estas son diferencias de forma. El núcleo permanece. Han cambiado las herramientas, pero no las preocupaciones. Han cambiado los medios, pero no las convicciones.

Una de mis mayores inquietudes ha sido cómo aprovechar nuevas herramientas, especialmente la inteligencia artificial, sin perder autoría, responsabilidad ni voz propia. Acepto recomendaciones, incorporo observaciones y corrijo estructura, pero protejo deliberadamente mi voz, mi experiencia y mis errores, elementos que ninguna inteligencia artificial puede reemplazar. En una época donde muchos textos terminan sonando iguales, esta decisión tiene enorme importancia intelectual.

Escribo mis artículos. No permito que la IA los escriba. Los someto a su escrutinio, dialogo con ella, pero el texto final es mío, con mis múltiples y únicas experiencias y mis habituales errores.

En el fondo, las dos columnas tratan los mismos asuntos y mantienen un mismo estilo: gobierno corporativo, anticorrupción, transparencia, ética, compliance, prevención de lavado de activos e integridad. Ambas evitan las lecturas coyunturales y buscan aportes sólidos, basados en datos, que perduren en el tiempo. Combinan análisis jurídico, institucional, económico y ético con una narrativa casi filosófica sobre el funcionamiento real del país.

Reconozco que estas características conllevan limitaciones: el tono, a veces académico, puede alejar a lectores que buscan posiciones más emocionales o militantes; algunos textos requieren familiaridad con temas legales o financieros. Esa distancia analítica es, sin embargo, deliberada. Es la esencia de observar “desde el margen”.

Nunca personalizo los problemas. Temprano entendí que el problema panameño no es tanto de personas como de instituciones. Con los años se confirma: los “buenos” de ayer son los “malos” de hoy. Por eso los artículos se centran en incentivos, en la simulación institucional y en la debilidad crónica del Estado de derecho. Insisto siempre que me es posible en la idea de que muchas instituciones panameñas funcionan más para aparentar control, transparencia o legalidad que para producir resultados reales. El artículo “El país de la simulación” resume muy bien esa línea de pensamiento.

Estoy profundamente agradecido con La Prensa y con Contrapeso Panamá. Ambas me han permitido contribuir, con independencia, en los temas que domino y me apasionan.

Si alguna de estas cincuenta columnas logró que un lector cuestionara una práctica que antes consideraba normal, entonces ya justificó el esfuerzo.

Seguirán cambiando los formatos, las plataformas y las herramientas. Mientras tenga algo que aprender, alguna duda que explorar y alguna idea que defender, seguiré escribiendo. Mientras existan instituciones que mejorar, habrá razones para seguir escribiendo.

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