Columna ciudadana

16 de Diciembre de 2025

Exclusivo para Contrapeso

La presentación pública el 10 de diciembre de 2025 de mi libro Columna Ciudadana marcó el cierre simbólico de una etapa y el inicio de otra, no solo en términos editoriales, sino también en el modo en que entiendo la relación entre la escritura, la memoria y el diálogo con los lectores. El acto, realizado en la Biblioteca Nacional, permitió mirar hacia atrás con serenidad y gratitud, revisitando casi dos décadas de pensamiento escrito y, al mismo tiempo, reconociendo las nuevas herramientas y preguntas que acompañan la escritura hoy en día.

El libro recoge ciento cincuenta y seis artículos publicados entre 2007 y 2025 en la columna Valor Razonable en La Prensa, seleccionados no por nostalgia, sino por su capacidad para narrar una evolución intelectual y cívica: desde los años como regulador del mercado de valores hasta etapas posteriores de observación, crítica y reflexión sobre ética pública, transparencia, blanqueo de capitales, debilidades institucionales y contradicciones humanas. Cada texto es una instantánea de su momento, pero también un fragmento de una conversación más amplia que continúa hasta hoy.

Durante el evento, compartí una anécdota de juventud que marcó mi relación con la palabra escrita. Ante un episodio escolar confuso, un profesor me recomendó “escribir mi versión”. No exagero al decir que aquel consejo transformó mi manera de entender la defensa, la claridad y el compromiso. Desde entonces, la escritura fue para mí un acto de orden frente al caos, una forma de fijar lo que ocurre y, sobre todo, un modo de asumir responsabilidad ante lo que uno afirma.

Esa convicción se reafirmó en las sucesivas etapas profesionales que recorrí. Con los años comprendí la diferencia, a veces incómoda, entre la voz personal y la voz institucional. En ciertos cargos, hablar como ciudadano resultaba sospechoso y, en otros, necesario. Esa dualidad, más que una tensión, terminó siendo una escuela: uno escribe desde donde está, pero nunca deja de escribir como ciudadano. Esa perspectiva atraviesa todo el libro.

Otro de los temas que surgió la noche de la presentación fue la importancia de escribir para incomodar cuando es necesario. Muchas de las columnas provocaron adhesiones, críticas o advertencias, pero el propósito nunca fue agradar, sino argumentar con rigor. En un país donde el debate público oscila entre la euforia y el silencio, intentar sostener posiciones con datos y no con gritos es, en sí mismo, un ejercicio de ciudadanía.

La transición de lo analógico a lo digital también ha moldeado esta trayectoria. Pasé de enviar artículos en archivos adjuntos a escribir en medios tradicionales, luego en redes y, más recientemente, en Desde el Margen, mi columna en contrapesopanama.com. Esa evolución revela un cambio de plataformas, pero no de método. Sigo escribiendo como siempre: leer, pensar y redactar. Doce columnas después, puedo afirmar que esa continuidad ha sido uno de mis anclajes más firmes.

Sin embargo, la presentación del libro incorporó un elemento novedoso: la inteligencia artificial. Por primera vez, decidí someter mis textos a la mirada de una máquina. No para que los reescribiera, sino para conocer su evaluación. Le pedí a ChatGPT que, con sus propios criterios, seleccionara la mejor construida, la más relevante, la más polémica, la más floja y la que menos aportaba. El veredicto —sin nostalgia ni diplomacia— produjo un espejo inesperado. La IA, además, propuso ampliar algunos artículos como ensayos más extensos. No comparto todo lo que señaló, pero valoro el ejercicio. Permite contrastar la mirada humana con la lógica fría del algoritmo.

Esa experiencia abrió una pregunta que continúa vigente: ¿coincidirán los lectores con la máquina? El libro, de alguna manera, invita a observar ese contraste. Todo aquello fue escrito sin IA y luego leído por ella. Ahora, la interpretación corresponde nuevamente al lector, que podrá aceptar, matizar o contradecir esas conclusiones.

La presentación también fue un momento para reconocer el apoyo de quienes acompañaron este recorrido. Agradecí a periodistas, editores, colegas y lectores que, con desacuerdos incluidos, han sostenido una conversación de años. No menos importante fue expresar mi gratitud hacia las voces internacionales que comentaron el manuscrito —Delia Ferreira, expresidenta de Transparencia Internacional; François Valérian, actual presidente de Transparencia Internacional; y Émile Van Der Does de Willebois, coordinador de la Iniciativa para la Recuperación de Activos Robados (Stolen Asset Recovery Initiative, StAR) del Banco Mundial y de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC)—, cuyas reflexiones enriquecen la obra desde una mirada global. Lo mismo corresponde al exmagistrado presidente de la Corte Suprema de Justicia de Panamá, Adán Arnulfo Arjona, quien honró el acto con el prólogo, sus palabras de presentación de la obra y su lectura crítica.

Finalmente, compartí algo que siempre he creído: nadie escribe solo. Aunque el libro lleva mi firma, está lleno de huellas ajenas. Y detrás de todas ellas está mi familia, que ha acompañado silencios, horarios raros, cargas y desvelos. Este libro también les pertenece.

Hoy, ya pasado el evento, queda claro que Columna Ciudadana no es un cierre, sino un puente. Conecta lo escrito en la etapa institucional con la voz más personal que hoy expreso en Desde el Margen. Si escribir ha sido una forma de resistencia cívica, este libro es su testimonio público: una invitación a no callar ante lo que importa y a asumir que la palabra, cuando se firma, también es un acto de ciudadanía.

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Por: Carlos Barsallo

Abogado

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