Cuando el mercado aplaude lo incorrecto
12 de Enero de 2026
Exclusivo para Contrapeso
¿Qué tipo de éxito estamos enseñando a admirar?
A finales de 2025 vi dos escenas distintas con un mismo mensaje: cuando baja el costo de lo incorrecto —o sube la atención por lo banal— alguien gana. Un influencer exhibiendo dinero y armas tras una derrota. Y un estudio sugiriendo que, si se pausa la aplicación de la FCPA, el mercado premia a empresas con mayor riesgo de soborno. En ambos casos, el incentivo habla: celebramos lo que deberíamos vigilar.
En una foto publicada en su página de Instagram @jakepaul el 21 de diciembre, y que circuló ampliamente en redes, el youtuber Jake Paul muestra de manera ostentosa armas y efectivo en su jet privado, luego de perder una pelea de boxeo el 19 de diciembre contra el boxeador Anthony Joshua.
En la imagen, Paul aparece sentado en un jet privado rodeado de miles de billetes de 100 dólares esparcidos por el suelo y los asientos, sosteniendo un puro y una pistola dorada, con rifles y otras armas distribuidas por la cabina, bolsas de Hermès y Louis Vuitton al fondo.
Lo acompañó con la frase: “The American Dream. Start yours today. Believe in it. Fail. Work. Fail. Learn. Fail. Don’t ever stop.” Una oda al fracaso… mientras exhibe una fortuna que muchos ven como el verdadero premio.
La imagen no incomoda por lo que muestra, sino por lo que normaliza.
Por otro lado, Matt Kelly, editor y CEO de Radical Compliance, reporta sobre los resultados de un estudio efectuado por Lorenzo Crippa, Edmund J. Malesky y Lucio Picci, titulado Making Bribery Profitable Again? The Market Effects of Suspending Accountability for Overseas Bribery, publicado por Cambridge University Press el 10 de diciembre de 2025 (International Organization, vol. 79, otoño de 2025, pp. 739–758). El estudio sugiere que la congelación de la aplicación del Foreign Corrupt Practices Act (FCPA), la ley estadounidense contra las prácticas corruptas en el extranjero, provocó un aumento en el precio de las acciones de empresas propensas a la corrupción.
Es decir, cuando la amenaza de castigo desaparece, el mercado lo premia.
Debo advertir que el estudio menciona limitaciones. Por ejemplo, la muestra analizada fue pequeña. Los investigadores identificaron 261 empresas cotizadas en bolsa con antecedentes de aplicación o investigaciones bajo la FCPA y luego compararon los rendimientos bursátiles de ese grupo, en la semana posterior al anuncio de la pausa en la aplicación de la ley, frente a un grupo de control de 236 empresas similares sin antecedentes FCPA.
El mercado reaccionó como reacciona siempre: olfateó impunidad.
Las empresas con historial de investigaciones o sanciones bajo la FCPA disfrutaron de mayores ganancias en valor bursátil en la semana posterior al anuncio de la pausa en la aplicación (del 10 al 15 de febrero) que las observadas en el grupo de control libre de antecedentes FCPA.
Esta columna aborda el tema que plantean estos dos eventos con una “combinación rara”: ética, moral y pragmatismo, sin caer en moralina.
1. Los datos que duelen (análisis práctico)
Caso de la foto: nada de lo que vemos ahí es, en principio, ilegal. Jake Paul gana dinero porque millones de personas deciden voluntariamente pagar por atención, entretenimiento, morbo y provocación. El mercado funciona exactamente como fue diseñado: recompensa lo que captura atención, no lo que genera valor social.
Eso nos obliga a aceptar algo duro: el problema no es solo quién vende el espectáculo, sino quién lo compra. En Instagram, más de 60 mil interacciones. Mientras haya audiencia, habrá oferta. El algoritmo no pregunta por virtud, solo por engagement.
También puede considerarse que algunos de estos influencers generan valor, por ejemplo, mediante donaciones a diversas causas. Jake Paul lo hace a través de su fundación Boxing Bullies, que reconstruye gimnasios de boxeo en Puerto Rico. Pero incluso cuando hay filantropía, el motor del premio sigue siendo la visibilidad.
Pasando del espectáculo individual a la corrupción sistémica, tenemos la decisión política tomada en Estados Unidos a inicios de 2025 (orden ejecutiva del 10 de febrero de 2025) de hacer una pausa en la aplicación de la FCPA.
Vemos, en este caso de estudio sobre corrupción, que esta también puede traer —al menos inicialmente— una recompensa mayor para los inversionistas, porque se hacen trampas para ganar negocios. Como dice Matt Kelly:
“Si desvías US$100.000 en efectivo a un fondo negro para sobornar y conseguir un contrato de US$10 millones, al menos a corto plazo eso supone una ganancia para los inversores”.
Espectáculo: premio por atención.
Corrupción: premio por impunidad percibida.
En ambos casos, el incentivo manda.
2. El plano ético (qué tipo de valor estamos premiando)
Aquí es donde el dato deja de ser neutro. Aquí está la grieta moral.
El dinero, en abstracto, es neutro. Pero el modo de exhibirlo no lo es.
La imagen del youtuber celebra la ostentación como identidad, la fuerza como símbolo (armas), el exceso como triunfo, la derrota transformada en espectáculo. No hay creación, no hay contribución, no hay servicio. Solo demostración de poder simbólico: “mírame, sigo ganando aunque pierda”.
Desde una ética mínima de responsabilidad social, el mensaje es pobre: no importa qué hagas; importa cuántos te miran mientras lo haces.
En el caso del estudio sobre corrupción, se mide —en un universo pequeño— cómo los inversionistas piensan sobre el riesgo de corrupción cuando la amenaza de aplicación de la ley baja a cero, que es precisamente lo que introdujo la pausa en la FCPA. El resultado es duro y provocador.
Si el éxito se mide por likes o por subidas en bolsa, ¿qué queda fuera del marcador?
3. El contraste silenciado (moral comparativa)
Mi pregunta clave es esta:
¿qué pasa con el ingeniero o el investigador que producen bienes y servicios que ayudan a la humanidad? Si bien algunos también pueden buscar visibilidad, la mayoría trabaja de forma silenciosa. ¿Y qué pasa con el empresario o la pyme que pierde contratos por no sobornar?
Pasa esto: trabajan sin cámaras, crean valor acumulativo (salud, conocimiento, infraestructura) y reciben recompensas lentas, limitadas y muchas veces invisibles. No los castigamos, pero tampoco los celebramos lo suficiente. Y en una cultura visual, lo que no se celebra no existe.
Aquí hay un desplazamiento moral peligroso: el mérito deja de medirse por impacto y pasa a medirse por visibilidad.
4. El mensaje a los jóvenes (el punto más delicado) y a los empresarios pequeños y medianos
Imagina a un joven emprendedor que pierde un contrato por no sobornar, mientras ve cómo una empresa grande sube en bolsa gracias a la impunidad.
Pero el efecto más profundo no está en Wall Street. Un joven no ve solo dinero. Ve estatus inmediato, reglas aparentemente simples, atajos sin proceso.
El mensaje implícito es claro: no hace falta construir nada duradero; basta con llamar la atención.
Un muchacho ve la foto de Jake Paul y piensa: “Sí, falló estrepitosamente, pero ganó millones y likes. ¿Para qué esforzarme en lo correcto?”
Eso erosiona valores como la paciencia, el oficio, la responsabilidad y el sentido de contribución. No porque los niegue explícitamente, sino porque los vuelve irrelevantes.
Para los empresarios y las pymes, este es un asunto de incentivos y de supervivencia. Se debate si la desregulación podría fomentar una innovación legítima. ¿No aplicar la ley contra prácticas corruptas entra en ese debate? Me muestro escéptico. No es un asunto de desregulación.
Pero no todo es crítica. Para contrarrestar, los educadores podrían promover casos de éxito silencioso en las escuelas. Para las pymes, es clave divulgar más la existencia y el uso de certificaciones éticas como la ISO 37001, una certificación internacional contra el soborno.
5. ¿Vamos para mejor o para peor? (respuesta honesta)
Ni apocalipsis ni optimismo ingenuo.
Vamos hacia una economía de la atención cada vez más extrema, una ética cada vez más individualizada y una confusión creciente entre éxito y valor.
Pero también nunca hubo tantas personas produciendo bien silencioso, nunca fue tan posible educar en pensamiento crítico y nunca fue tan evidente la diferencia entre fama y significado.
La diferencia la marcará quién logre narrar mejor qué merece admiración.
6. Una conclusión incómoda (pero útil)
Y aquí viene lo incómodo. La imagen del youtuber no es el problema. Las ganancias obtenidas por ciertas empresas tras la pausa en la aplicación de la FCPA tampoco lo son.
Ambas son el espejo.
Nos muestran qué compramos, qué celebramos y qué enseñamos sin darnos cuenta.
Siempre podemos cambiar la narrativa: celebremos a los constructores invisibles.
La pregunta final no es por el youtuber ni por Wall Street. Es por nosotros: ¿qué aplaudimos —con clics, compras, votos o silencio— cuando nadie nos mira? Si premiamos el atajo, no nos sorprendamos cuando el atajo se vuelva norma.
¿Estamos formando espectadores… o ciudadanos? ¿Tenemos la ley contra la corrupción y decidimos no aplicarla?
En positivo, podemos tomar acciones concretas:
● Como ciudadanos/consumidores: no premiar con atención lo que degrada; no compartir, no amplificar.
● Como empresas: premiar proveedores íntegros y explicar por qué.
● Como Estado: exigir aplicación real de las reglas anticorrupción. Sin enforcement, el incentivo se invierte.
Por: Carlos Barsallo
Abogado
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