¿Por qué no se debe olvidar el rechazo al acuerdo Filós-Hines de 1947?

11 de Diciembre de 2025

Exclusivo para Contrapeso

El 18 de mayo de 1942 se suscribió entre Panamá y los Estados Unidos el acuerdo Fábrega-Wilson, por el cual Estados Unidos tuvo el derecho de emplazar 132 instalaciones militares fuera de la Zona del Canal de Panamá. Según el acuerdo, estas instalaciones serían cerradas un año después de haberse concluido el conflicto bélico. El hecho de que en medio de la Segunda Guerra Mundial Panamá hubiera podido limitar ese término es sorprendente, dado que en 1940 Estados Unidos le propuso a Panamá un acuerdo similar con una duración de 999 años. Las instalaciones militares del acuerdo Fábrega-Wilson fueron ubicadas en todo el istmo de Panamá, desde Darién hasta Bocas del Toro, incluyendo territorios insulares en ambas costas. A lo largo de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos llegó a tener, en ocasiones, más de 100 mil soldados y marinos en territorio panameño.

Durante la Segunda Guerra Mundial existía una profunda simpatía panameña hacia los Estados Unidos; incluso decenas de panameños se unieron a las fuerzas armadas de dicho país para pelear en los distintos frentes del conflicto. A pesar de esto, se dieron fricciones culturales y sociales entre la soldadesca estadounidense y la población civil panameña. Dado que la ciudad de Panamá era el último punto en el que soldados y marinos estarían antes de acudir al combate, hubo choques constantes. Por ejemplo, en 1942 los varones del barrio de Calidonia y alrededores enfrentaron a los soldados estadounidenses en una masiva pelea callejera que duró varios días. La razón de esta y otras peleas tenía que ver con el irrespeto hacia las mujeres y jóvenes panameñas.

En lo que ahora se llama la Avenida de los Mártires solía existir un conjunto de prostíbulos, cantinas y antros en los cuales los soldados y marinos buscaban la compañía femenina antes de embarcarse hacia el frente del Pacífico. Era usual que la fila de jóvenes soldados esperando para entrar a los prostíbulos diera la vuelta a las manzanas de esa área. Cuando un importante número de navíos militares anclados en Panamá desembarcaban a sus miles de tripulantes y tropas, no había capacidad en los antros de la Avenida 4 de Julio para atender la búsqueda de compañía casual de esos uniformados. El problema, por supuesto, se multiplicó a nivel nacional con las 132 instalaciones militares, que significaron progreso y prosperidad para unos, y dolores de cabeza para otros.

El acuerdo de bases

La Segunda Guerra Mundial concluyó el 1 de septiembre de 1945, con la firma de la rendición japonesa en la cubierta del acorazado Missouri. Esto significaba que el acuerdo Fábrega-Wilson expiró el 1 de septiembre de 1946. Pasó todo ese año y el gobierno de los Estados Unidos mantuvo la operación de todos los sitios militares fuera de la Zona del Canal. En 1947, el embajador de Estados Unidos Frank T. Hines, en representación del Departamento de Estado, le propuso al entonces ministro de Relaciones Exteriores de Panamá, Ricardo J. Alfaro, que Estados Unidos quería mantener 13 de las 132 instalaciones militares fuera de la Zona del Canal de Panamá por 50 años más, término que fue reducido a 20 años y luego a 10 años prorrogables. Estas instalaciones eran: Jaqué, Isla Grande, Isla del Rey, Las Margaritas, Pocrí, Punta Mala, la base de Río Hato, Salud, San Blas, San José, Taboga, Taboguilla y Victoria. El ministro Alfaro le había propuesto a su contraparte que el acuerdo tuviera una duración de 5 años, y entonces, si las condiciones internacionales lo ameritaban, se podía aprobar otro acuerdo. El gobierno de los Estados Unidos quería un plazo largo. El Departamento de Estado se negó a considerar los argumentos presentados por el ministro Alfaro e insistió en su planteamiento.

Ante este intento de imponer un término lesivo para Panamá, Ricardo J. Alfaro renunció a su cargo el 9 de diciembre de 1947. Si había alguna esperanza de que esa acción valiente y digna cambiara la disposición del gobierno del entonces presidente Enrique A. Jiménez (1945-1948) de concluir el acuerdo con los Estados Unidos, el resultado fue contrario. El presidente Jiménez nombró a Francisco Filós como ministro de Relaciones Exteriores, quien aceptó el acuerdo y lo remitió, sin cambio alguno, a la Asamblea Nacional el 10 de diciembre. Lo que parecía que estaba destinado a ser un proceso de aprobación poco controvertido terminó convirtiéndose en una explosión social.

La primera protesta se dio el 12 de diciembre, cuando estudiantes de los colegios públicos liderados por el Instituto Nacional fueron a protestar al Parque de Santa Ana. Llevaban banderas y cantaban el Himno Nacional. En el parque los recibió el batallón de caballería de la Policía Nacional dirigida por el coronel José Antonio Remón Cantera. La represión fue excesiva y un estudiante de 14 años, Sebastián Tapia, fue herido de bala en la columna vertebral, quedando paralítico para el resto de su vida. Otros estudiantes huyeron hacia la Plaza de la Catedral, pero también fueron reprimidos por la policía con gases lacrimógenos, toletazos y golpes. El país se indignó.

Un testimonio de Las Tablas

El insigne jurista panameño Juan Antonio Tejada Mora comparte su testimonio a ContrapesoPanama sobre lo que sucedió ese mes de diciembre en la ciudad de Las Tablas:

“En Las Tablas el director del entonces Primer Ciclo, profesor Juan Velarde, nos facilitó la marcha de los estudiantes (quizás unos 300) hacia el pueblo; nos detuvimos al frente del Palacio de la Gobernación para realizar un mítin pidiéndole a la Asamblea Nacional el total rechazo del Convenio Filós-Hines. El secretario general de la Federación de Estudiantes de Panamá (FEP), capítulo de Las Tablas, se subió a la murallita de piedra (que aún existe frente al Palacio de la Gobernación) y de allí dirigió las palabras exigiendo, a nombre de la juventud tableña, el total rechazo del Convenio de Bases. Al terminar el mítin, cada uno de los estudiantes regresó a su casa, en total orden. Igualmente lo hizo el orador, el secretario general de la FEP-Las Tablas; y al pasar por el Parque Porras lo confrontó el personero municipal, el señor Alejandro Madariaga, lo tomó por el brazo y lo regañó con estas palabras: ‘¡Déjese de esas cosas, mierdita!’ El muchacho solo sonrió y prosiguió a su casa, ya muy cercana.” Ese muchacho es el propio doctor Tejada Mora.

Las mujeres salen a la calle

El martes 16 de diciembre unas 10 mil mujeres entre enfermeras, profesoras, maestras, estudiantes, trabajadoras de toda clase y amas de casa salieron vestidas de negro con banderas panameñas y marcharon desde la 5 de Mayo hasta la Plaza de Francia. Su protesta fue respetada por la Policía Nacional. La marcha fue encabezada por la madre y las mujeres de la familia de Sebastián Tapia. En su marcha, las mujeres pasaron por el edificio donde sesionaba la Asamblea Nacional en el Casco Antiguo. Las personas en las aceras las aplaudían a su paso frente a los principales edificios y plazas de San Felipe. Las mujeres marcharon por la soberanía del país y contra las indignidades sufridas por la extensa presencia militar estadounidense a lo largo y ancho del territorio panameño.

Esta marcha tuvo como efecto el cambio de voluntades de los diputados de la Asamblea Nacional. El 22 de diciembre, luego de 10 días de protestas en todo el país y de que la Asamblea Nacional se viera inundada por telegramas enviados desde todas las provincias pidiendo el rechazo al acuerdo Filós-Hines, los 51 diputados y diputadas que integraban el Poder Legislativo votaron de forma unánime el rechazo del Convenio de Bases Militares.

El gobierno de los Estados Unidos procedió a desmantelar rápidamente sus instalaciones militares en todo el país. En sitios como la isla San José quedó el rastro de las pruebas con armas químicas realizadas en dicha isla, y que no fue resuelto hasta apenas la década pasada. Durante el gobierno de José Antonio Remón Cantera (1952-1955) se negoció un nuevo Tratado del Canal de Panamá, el Remón-Eisenhower, por el cual se le concedió a los Estados Unidos la base de Río Hato por 15 años. El 22 de agosto de 1970 la base de Río Hato revirtió a manos panameñas. A pesar de la insistencia del gobierno de los Estados Unidos, el general Omar Torrijos (1968-1981) se negó a renovar la concesión de la base militar de Río Hato ante el precedente que esto podría representar para las negociaciones de un nuevo Tratado del Canal de Panamá.

Epílogo de la historia

El legado de Ricardo J. Alfaro creció en el tiempo. El 10 de diciembre de 1948, apenas un año y un día después de su renuncia como ministro de Relaciones Exteriores, la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Este importante documento tuvo como autor principal al doctor Alfaro. En 1959 esa misma Asamblea General lo designó magistrado en la Corte Internacional de Justicia en La Haya, Holanda, donde se caracterizó por una importante jurisprudencia en materia de derecho internacional público que todavía hoy está vigente.

La bandera con la que los estudiantes del Instituto Nacional encabezaron sus protestas en 1947 fue la misma bandera que el 9 de enero de 1964 llevaron a la escuela de Balboa para izarla en cumplimiento del Acuerdo Chiari-Kennedy. La ruptura de dicha bandera fue el incidente que inspiró las protestas del 9, 10 y 11 de enero de 1964. Estas protestas tendrían como resultado final la elaboración del nuevo Tratado del Canal de Panamá, el Torrijos-Carter, que el 7 de septiembre de 1977 puso fecha de finalización a la Zona del Canal de Panamá. En manos panameñas, ese Canal entregó al Estado, del 1 de enero del año 2000 al 31 de diciembre de 2024, más de 28 mil millones de dólares en regalías y rentas de la soberanía.

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Por: Rodrigo Noriega

Abogado

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