71 años de un magnicidio y la investigación de un aficionado

1 de Enero de 2026

Exclusivo para Contrapeso

La novela Lobos al amanecer, de Gloria Guardia, es quizás la mejor explicación del magnicidio del presidente José Antonio Remón Cantera (1952-1955). Remón fue el hombre más poderoso de Panamá en lo político y en lo económico. Manejaba el mundo paralelo de la economía clandestina de los garitos de prostitución, las casas grandes y los suculentos negocios con el gobierno. Curiosamente, Remón había sido una criatura de la democracia panameña. Luego del golpe de Estado del 2 de enero de 1931, por el cual el colectivo Acción Comunal defenestró al entonces presidente Florencio Armodio Arosemena (1928-1931), una vez consolidado en el gobierno, Harmodio Arias Madrid (1932-1936) decidió que había que formar un cuerpo de seguridad pública robusta que evitara futuros golpes de Estado civiles, como el de Acción Comunal.

La iniciativa se concretó becando a talentosos jóvenes panameños para que fueran a estudiar a academias militares y escuelas policiales en el extranjero, y abriendo la puerta de la recién creada Policía Nacional a panameños formados en instituciones castrenses, como José Antonio Remón Cantera, quien en 1931 había recibido su título de oficial de caballería en un colegio militar en México. La estrategia de Acción Comunal tuvo éxito. Nunca más en Panamá se dieron golpes de Estado civiles como el del 2 de enero de 1931; en adelante, los golpes de Estado fueron militares. El propio Remón Cantera dio dos de estos golpes militares: el primero, el 9 de noviembre de 1949, contra el entonces presidente Daniel Chanis (1948-1949), y el segundo, el 10 de mayo de 1951, contra el doctor Arnulfo Arias Madrid (1949-1951).

¿Cómo llegué a Remón?

Yo nací en 1968, por lo que el tema de Remón me era exótico. Una amiga panameñista de mis padres explicaba en la década de 1970 que no se podía entender al régimen militar que lideraba el general Omar Torrijos Herrera (1968-1981) si no se entendía lo que Remón Cantera representó y propició en el país.

Sin saberlo, yo vivía muy cerca del teatro de los hechos. Mi hogar en mi niñez estaba en Campo Alegre, específicamente en lo que popularmente se conoce como la calle del edificio AVESA. Esto, sin proponérmelo, me había colocado en la situación privilegiada de conocer a protagonistas y a víctimas de esta historia. El Hipódromo Juan Franco, inaugurado el 15 de octubre de 1922, estaba en lo que hoy llamamos Obarrio. A unas cuantas cuadras de esa ubicación vivían entonces descendientes del injustamente condenado presidente José Ramón Guizado (1955). Cruzando la calle, es decir, la Vía España, y en dirección a Vía Argentina, había mucho más. En esa vía vivía un descendiente de Rubén Miró, quien confesó y luego desconoció su confesión de haber sido uno de los asesinos de Remón. En la calle paralela a la Vía Argentina, la Alberto Navarro, vivía el general Bolívar Lilo Vallarino, sucesor de Remón en la Policía Nacional y primer jefe de la Guardia Nacional.

Uno de los testimonios más impactantes lo escuché de un doctor que, en la década de 1950, se ganaba unos dólares como salonero en el hotel El Panamá, especialmente durante el mes de diciembre. Ese médico me contó que en diciembre de 1954 le tocó atender a unos clientes del hotel que jugaban póker en una de las habitaciones. Uno de estos clientes, muy agradecido por su servicio, le dio una propina de 20 dólares, lo que provocó un regaño en su casa y la conminación de que fuera con su padre para devolverlos inmediatamente al huésped. Cuando buscaron a este cliente en el hotel, se trataba de Lucky Luciano, quien se negó a recibir la propina devuelta. Sus compañeros de póker eran muy conocidos políticos y empresarios panameños.

Cuando entré a la Facultad de Derecho de la Universidad de Panamá me encontré con otra sorpresa: la camisa ensangrentada de Remón, la que llevaba puesta cuando lo asesinaron, estaba enmarcada en el Instituto de Criminología de la Universidad de Panamá, ubicado en el tercer piso del edificio administrativo de la Facultad de Derecho. Esa camisa me hablaba y me invitaba a resolver un enigma histórico.

Los callejones sin salida

La reconstrucción del asesinato de Remón es fácil y hay varias obras que la reseñan muy bien. En los Archivos Nacionales están los tomos de la indagatoria, así como la autopsia efectuada al presidente. En la Biblioteca Nacional reposan todos los libros publicados sobre el tema. Así que contar una vez más que “a las 7:30 de la noche del domingo 2 de enero de 1955, mientras el presidente Remón departía con sus amistades en el club house del hipódromo, probablemente celebrando el triunfo de la yegua Valley Star en el Clásico Año Nuevo, empezó el tiroteo desde los arbustos diagonales al club house...” todo lo que ocurrió después ya ha sido contado antes.

Tuve la oportunidad de entrevistar a Thelma King en la década de 1990 acerca de su experiencia esa noche en el club house, dado que ella era una de las invitadas de Remón. Por otra parte, le seguí la pista a uno de los cadetes que supuestamente participó en el tiroteo. Trabajaba en el Ministerio de Comercio e Industrias durante la administración de Guillermo Endara (1989-1994); lo llamé por teléfono y lo busqué personalmente, pero nunca me quiso hablar. Igual pasó con el exgeneral Lilo Vallarino. Le pedí a un amigo cercano de Vallarino que preguntase, cuando se reunieran en el Club Unión, donde habitualmente coincidían, “¿quién mató a Remón?”, y mi amigo me dijo que Vallarino le quitó el habla.

Si en Panamá llovía, en Estados Unidos no escampaba. Investigar el crimen de Remón en los archivos del gobierno de los Estados Unidos es buscar una aguja en un gigantesco pajar. Los archivos del Departamento de Estado cuentan la versión pública de los hechos, es decir, Rubén Miró confesó, involucró al presidente José Ramón Guizado, la Asamblea juzgó y condenó a Guizado y demás. Traté de conseguir los archivos de la negociación entre la embajada de Panamá y el Departamento de Estado cuando la primera dama Cecilia Pinel de Remón fue detenida en Puerto Rico el 19 de octubre de 1953. La versión oficial es que fue por un error burocrático sobre un trámite migratorio. La otra versión tiene que ver con el narcotráfico que supuestamente involucra a la señora y que le costaría a Panamá la base de Río Hato y a Remón la obligación de cooperar con Estados Unidos para controlar las operaciones de la mafia italoestadounidense. Esta segunda versión me fue referida de forma oral por una persona que conoció los hechos, pero no he podido obtener un solo documento que confirme esta versión.

Ahora bien, el gorila de 800 libras son los archivos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos. En el salón de lectura virtual que tiene la CIA encontré documentos que fueron divulgados en el año 2022, durante el gobierno de Joe Biden, y que señalaban a Irving Martin Lipstein, sicario de la mafia italoestadounidense, como el asesino material de Remón. Esto significaba que Lucky Luciano era el autor intelectual del magnicidio. Ese mismo salón de lectura documentó que Thelma King y Rubén Miró eran fuentes habituales de la CIA. Sin embargo, a partir de la llegada del gobierno del presidente Donald Trump, la disponibilidad de estos documentos es significativamente menor, y aquellos que se pueden consultar tienen mucho texto bloqueado.

¿Por qué es relevante?

Existen tres razones por las cuales el magnicidio de José Antonio Remón Cantera, el 2 de enero de 1955, es relevante para la actualidad. La primera razón es que acercarnos a la verdad histórica le hace justicia a inocentes como José Ramón Guizado, que fue inculpado para impedir una verdadera investigación. La segunda razón es que Remón incubó las relaciones de poder de la cúpula de los cuerpos de seguridad panameños con el crimen organizado internacional, y fue un puente entre este y el mundo empresarial y político panameño. Ese vínculo con el crimen organizado y el narcotráfico nos persigue. La última razón, y quizás la más importante por la que se debe conocer la verdad de todos estos hechos, es para evitar futuras analogías. Como decía el filósofo español George Santayana: “Los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla”.

¿Qué sucedió el 2 de enero de 1955?

En 1953, por presiones del gobierno de los Estados Unidos, Remón tuvo que romper sus vínculos con la mafia italoestadounidense. En esa época se producía cocaína en Bolivia y Perú, y para hacerla llegar a los Estados Unidos, la gente de Lucky Luciano transportaba la mercancía a Cuba y México o simplemente la despachaba desde la Zona del Canal de Panamá usando el servicio postal de Estados Unidos como cómplice involuntario, dado que las aduanas estadounidenses trataban la correspondencia proveniente de la Zona del Canal como de origen interno de los Estados Unidos y, por lo tanto, no la inspeccionaban. El detalle exacto de si Luciano vino a Panamá a tratar de negociar con Remón o simplemente para arreglar la logística del magnicidio no está claro. Lo cierto es que el 2 de enero de 1955 Lipstein disparó un arma de fuego; fue detenido en el Aeropuerto de Tocumen por Rubén Blades padre, quien trabajaba para la Policía Secreta. Se le hizo la prueba de parafina y esta confirmó que había usado un arma de fuego. Sin embargo, unos días más tarde el gobierno de Panamá lo dejó ir sin más. Es probable que Lipstein se hiciera acompañar de gatilleros panameños para cubrirse las espaldas y para tener más efectividad en su contrato.

Muy al estilo de la mafia, en los siguientes días y semanas murieron de forma muy extraña testigos que habían visto u oído inconvenientemente partes de esta trama. El entonces nuevo presidente José Ramón Guizado trajo al investigador cubano Israel Castellanos, quien fue obligado a renunciar y a abandonar el país. Castellanos contó a la revista Bohemia, en la década de 1950, su experiencia en Panamá. Rubén Miró, quien confesó su participación en esta conspiración, involucró a Guizado y eso paró la investigación. Guizado fue condenado por la Asamblea Nacional, pero fue liberado en 1957 luego de que Miró hubiese sido absuelto por un jurado de conciencia.

La CIA quiso culpar del magnicidio de Remón al presidente de Costa Rica, José Figueres, un antimilitarista de carta cabal. Si hubiese existido un indicio de esto, Costa Rica probablemente hubiera sido invadida por el gobierno de Anastasio Somoza, de Nicaragua. Mientras una parte de la CIA y el Departamento de Estado buscaban sacarle provecho a lo de Remón culpando a Figueres, los vínculos del asunto con la mafia estadounidense eran mayores, y se convirtió en un problema ocultarlos, dado que la CIA y la mafia eran aliados.

El hipódromo Juan Franco cerró y se construyó un nuevo hipódromo que lleva el nombre del presidente que celebró el triunfo de una yegua en el Clásico Año Nuevo de 1955. Un colegio público en Paitilla y un estadio de béisbol en Aguadulce, su tierra natal, llevan su nombre. No hay monumento alguno que honre al verdadero mártir de esta historia, el injustamente condenado presidente José Ramón Guizado, quien no fue parte de la conspiración contra Remón Cantera. El hípico exmilitar y mandatario murió por un ajuste de cuentas.

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Por: Rodrigo Noriega

Abogado

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