¿Para qué sirve el Día Internacional de la Mujer?

6 de Marzo de 2026

Exclusivo para Contrapeso

En lo que actualmente es Botsuana y Zimbabue, hace 150 mil o 200 mil años una mujer se convirtió en el ancestro común más reciente de toda la especie humana. Esa mujer tenía 37 genes en su ADN mitocondrial que aparecen en una forma u otra, con mutaciones, en todos los seres humanos vivos en la actualidad. Como el ADN mitocondrial solo lo transmiten las mujeres, la dama del sur de África tuvo una o varias hijas que dispersaron sus genes exitosamente por todo el planeta. De esa primera mujer venimos todos y todas.

En la especie humana, el poder ha sido ejercido principalmente por hombres. Las mujeres no tuvieron derechos políticos ni civiles en gran parte del mundo hasta el siglo XX. Una mujer no podía hacer un contrato sin el consentimiento de su padre o de su esposo. Las oportunidades educativas y profesionales les eran y son limitadas. Ciertas profesiones y actividades son calificadas como “cosa de hombres”. En materia económica, aunque se ha ido cerrando la brecha salarial entre hombres y mujeres, en algunos países alcanza más de 20 % por el mismo trabajo. El dato panameño es esperanzador, ya que el rango se ubica de un 2 % a un 8 % en los últimos años con tendencia a decrecer.

El origen

En marzo de 1857, un grupo de trabajadoras de una empresa textilera en Nueva York protestaron públicamente por las terribles condiciones en las que debían hacer su trabajo. La policía las reprimió brutalmente y la fecha permaneció en la memoria de las feministas y grupos laborales como una fecha que no debía olvidarse. A principios del siglo XX, la feminista y sindicalista socialista Clara Zetkin propuso en un congreso de mujeres en Alemania que se estableciera el Día Internacional de la Mujer en esa fecha. A partir de 1911, las activistas por el derecho al sufragio de las mujeres y las defensoras de los derechos laborales de las mismas unieron esfuerzos para conmemorar la efeméride. En 1975, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas adoptó oficialmente el 8 de marzo de cada año como el Día Internacional de la Mujer.

Esta conmemoración está acompañada de otra que se realiza el 25 de noviembre de cada año, el Día de la No Violencia contra la Mujer. El pleno desarrollo de las mujeres empieza con el reconocimiento de todos sus derechos y pasa por el establecimiento de mecanismos que prevengan todas las formas de discriminación y los actos de violencia contra ellas.

La cultura del femicidio

En el año 2024, en América Latina se estima que hubo 3,828 femicidios, es decir que unas 11 mujeres murieron cada día por razones de género. En Panamá, para ese mismo año, hubo 23 femicidios y para 2025 la cifra fue de 20 pero, según registra el Ministerio Público, hubo otros 18 intentos de femicidios. Cada una de estas mujeres enfrentó la muerte a manos de una persona con la que mantenía o mantuvo un vínculo sentimental. Históricamente, a esta clase de crímenes se le llegó a denominar “crímenes de honor” como una forma machista de pretender que los hombres tenían el derecho a matar a las mujeres por una infidelidad, la terminación de una relación sentimental o incluso por el reclamo de infidelidades o vicios del propio hombre.

En el año 2025 hubo en Panamá 5,258 denuncias por delitos contra la libertad sexual; de estos, 4,884 fueron por el delito de violación. Esto significa que en Panamá se dieron unas 13 violaciones por día. La violación es un delito perpetrado principalmente por hombres que abusan de su posición de poder y de la relación de confianza con la víctima. Según el Ministerio Público, el 90 % de los perpetradores de este delito son familiares, conocidos, vecinos, maestros y otros hombres en roles que les permiten abordar a las mujeres y niñas en una situación de confianza. Este porcentaje hace suponer que la cifra de violaciones debe ser mayor, pero que la vergüenza, el temor o la presión de la familia provocan que no haya denuncias por todas las violaciones cometidas en el país.

En el año 2024, se estimó por Onu Mujer que unas 650 millones de mujeres y niñas habían sido víctimas de violación o abuso sexual en el mundo antes de los 18 años de edad. Es decir, que al menos una de cada seis mujeres había sido víctima de violación o agresión sexual antes de su mayoría de edad. El dato no considera aquellas que fueron víctimas de estos crímenes posterior a sus 18 años. Estas mujeres cargan con el trauma psicológico, la lesión a su integridad sexual y la desconfianza hacia un sistema social que no pudo cuidarlas. El lastre emocional, psicológico, fisiológico, espiritual, económico y social de las violaciones y agresiones sexuales es un tema muy poco tratado y del que se desconoce mucho. Adicionalmente, existen grandes carencias en todas partes del mundo de asistencia psicológica, terapias y servicios de salud especializados que atiendan a las víctimas de violaciones y agresiones sexuales.

La economía femenina

Una parte de la economía mundial recae sobre los hombros de las mujeres y niñas. La mayor porción del trabajo no remunerado dedicado a la atención y cuidado de la infancia, la juventud, los adultos mayores y las personas con discapacidad es realizado por mujeres y niñas alrededor del mundo. Además, actividades o profesiones estereotipadas como “tareas de mujeres”, tales como maestras, enfermeras, cocineras, aseadoras, secretarias y otras, llevan una alta carga de actividades de cuido de terceras personas. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo, si se les pagara salario mínimo a las mujeres y niñas por hacer este trabajo de atención y cuido, esto representaría el 9 % del Producto Interno Bruto mundial, es decir 11 billones de dólares para el año 2024.

Una categoría socioeconómica que ha tomado mucha relevancia en la estadística laboral de la región latinoamericana es el colectivo de los denominados “NiNis” (ni trabajan ni estudian). Sin embargo, el concepto NiNi esconde una realidad de género muy dramática. Para el 2025, según Bloomberg, el 66 % de los NiNis eran mujeres, lo que indica que muy probablemente la interrupción de la educación o la ausencia de actividad económica productiva se deba a causa de la realización de trabajos no remunerados en el hogar o por un embarazo adolescente.

Como si todo lo anterior no fuera suficiente, el grueso de las tareas fundamentales para la conformación de capital social en las comunidades es realizado por mujeres y niñas. Estas son tareas de atención y cuido no remunerado fuera del hogar, como lo son todas las horas de voluntariado, los servicios auxiliares en iglesias y comunidades de fe, así como tareas de recaudación para escuelas, bienes públicos comunitarios y otros servicios sociales. Cuando se necesita un voluntario, lo más probable es que quien levante la mano sea una mujer.

La formación de una mejor sociedad

¿Cómo se conforma una sociedad en la que se respete y valore plenamente a todas las niñas y mujeres? La respuesta no es fácil. Parte del ejemplo permanente es que hijas e hijos, sobrinas y sobrinos, nietas y nietos vivan en entornos familiares en los que haya respeto, agradecimiento y reconocimiento positivo de lo que una niña o una mujer es. Mucho del machismo imperante en el mundo ha sido alimentado por madres, abuelas, hermanas, tías o maestras.

La primera vez que un niño escucha las palabras “los hombres no lloran”, está siendo expuesto a una mentalidad de dureza y distanciamiento de su sentimiento. Cuando a una niña se le aconseja “deja el máster, porque vas a perder al míster”, se le está inculcando que su valor personal está limitado al hombre que pueda conseguir. Ni hablar de la manida metáfora de “perder el tren” por estar realizando estudios, llevar adelante un trabajo o desarrollar un emprendimiento.

Vivimos en una sociedad global en la que controversias entre naciones o incluso entre sistemas políticos se intentan resolver con balas, bombas, misiles y drones. El innecesario derramamiento de sangre por dictaduras, autocracias, populismos y gobiernos fundamentalistas es cosa de hombres. No es de extrañar que quienes lideran la oposición o queman los hiyab en las plazas públicas sean mujeres. La historia humana ha demostrado con creces que una sociedad en la que domina la violencia tiende a colapsar y a consumirse entre sus ruinas. Un mundo en el que uno de los géneros aprende que es legítimo usar la violencia física, sexual, emocional, económica o simbólica en contra del otro género está condenado al fracaso.

Así como una mujer africana de hace unas 6 mil u 8 mil generaciones dotó a sus hijas, nietas, bisnietas, tataranietas y a todo su linaje de una marca única, eso no fue el resultado de la violencia, sino el producto del amor. Para recordar todo esto y visibilizar la condición de niñas y mujeres es que sirve el Día Internacional de la Mujer.

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Por: Rodrigo Noriega

Abogado

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