Cuba y el fracaso de dos experimentos
19 de Marzo de 2026
Exclusivo para Contrapeso
Estamos acostumbrados a pensar que los experimentos solo ocurren en los laboratorios en los cuales científicos con batas blancas someten a distintas pruebas a sus objetos de estudio. En muy raras ocasiones se pueden realizar experimentos de largo plazo con fenómenos sociales. A la pregunta de: ¿qué pasaría si por tres generaciones sometemos a un pueblo insular a un régimen autocrático y socialista?, se le acompaña con el cuestionamiento de ¿qué sucedería si el país más poderoso del mundo establece un bloqueo unilateral por más de 60 años contra esa isla?
Cuba y su bloqueo son las respuestas a estos dos cuestionamientos. Por 67 años, una mezcla de orgullo, disciplina, convicción, el carisma de Fidel Castro, el temor a la represión interna y la interacción con la diáspora cubana dieron forma (y sostuvieron) a un régimen único en el mundo. Cuba es el único país socialista del mundo que no limita con otro país socialista. Cuba está sola.
El origen
Cuba es la isla más grande del Caribe. Su conquista y colonización por el Reino de España estableció una economía dependiente de la esclavitud y concentrada en la explotación de la caña de azúcar y del tabaco. En el siglo XIX, cuando el imperio español se replegó luego de haber perdido sus colonias latinoamericanas, en Cuba se dieron varios movimientos independentistas, que incluso llevaron a guerras contra las fuerzas militares españolas. De 1868 a 1878 se dio la guerra más larga; esta no obtuvo la independencia, pero sí algunas medidas autonómicas. Cuba tuvo que esperar hasta 1895, cuando el poeta, escritor y pensador liberal José Martí lideró su guerra de independencia, cayendo en combate sin llegar a conocer el nacimiento de la anhelada República. Estados Unidos intervino en 1898 en lo que se llamó la guerra hispanoestadounidense, en la que Cuba, Puerto Rico, las Filipinas y Guam dejaron de ser parte del imperio español. Puerto Rico y Guam pasaron a formar parte formal de los Estados Unidos, mientras que Cuba y Filipinas se convirtieron en naciones independientes, pero protectorados estadounidenses.
En su historia republicana, desde que alcanzó la independencia el 10 de mayo de 1902, Cuba no tuvo un gran arraigo de las instituciones democráticas. Su primera dictadura fue la de Gerardo Machado (1925-1933). Cuando el dictador Machado dejó el poder, le sucedieron tres presidentes civiles interinos, y toda la década de 1930 fue de gran inestabilidad. De 1940 a 1944, los años de la Segunda Guerra Mundial, Fulgencio Batista hizo su primer gobierno y luego, en 1952, al recuperar el poder mediante un golpe de Estado, ejerció una fiera dictadura hasta el 1 de enero de 1959, cuando abandonó la presidencia ante la llegada a La Habana de la guerrilla liderada por los hermanos Fidel y Raúl Castro. Un cubano que hubiese tenido 7 años en 1959 hoy tendría 74 años sin haber conocido un solo día de un régimen democrático.
El embargo
La Cuba, antes de la revolución, era un país de contrastes. Floreció la industria de la radio y la televisión, siendo el primer país latinoamericano con televisión en colores. A su vez, la Universidad de La Habana era sumamente reputada y allí era común que estudiantes de toda América Latina acudieran a estudiar Medicina o Derecho debido al prestigio de sus académicos. Esa misma Cuba era sede de casinos y garitos en los que se ejercían las formas más abyectas de prostitución y explotación sexual. La mafia neoyorquina dominaba los negocios relacionados con los vicios en la isla, la que usaba como trampolín para el tráfico de drogas.
Ante la violenta represión de la dictadura de Batista, Estados Unidos aplicó un embargo de armas en 1958 para frenar el derramamiento de sangre del régimen contra los opositores que pretendían la restauración del orden constitucional. Con el gobierno de Fidel Castro en firme, en 1960 se dio una ola de grandes nacionalizaciones (sin indemnizaciones) de inversiones estadounidenses como una refinería o ingenios de azúcar. Eso provocó que Estados Unidos respondiera con un embargo comercial que prohibía la importación de productos cubanos y que restringía las exportaciones estadounidenses a medicinas y alimentos.
La combinación de intereses de la mafia neoyorquina, la comunidad empresarial cubana y estadounidense y el anticomunismo de los círculos políticos de Washington organizó la invasión de Bahía de Cochinos en 1961. La acción militar fue llevada a cabo por exiliados cubanos con el apoyo de la inteligencia estadounidense. La invasión fracasó, y el entonces presidente John F. Kennedy fue sorprendido con esta movida en contra del régimen cubano. A pesar de sus mejores esfuerzos, el presidente Kennedy tuvo que hacer un bloqueo naval contra Cuba en octubre de 1962, porque la Unión Soviética estaba instalando misiles con cabeza nuclear en la isla. Incluso, fuentes militares estadounidenses reconocieron en la época que había al menos un misil apuntando hacia el Canal de Panamá.
Con el paso de las décadas, el embargo se fue endureciendo para desincentivar a terceros países, de forma tal que no comerciaran con Cuba. En la práctica, el embargo fue una coladera por la cual Cuba podía adquirir productos estadounidenses en Canadá, México o en la Zona Libre de Colón. Además, los propios exiliados cubanos inundaban la isla con remesas de dólares de sus familiares.
A pesar de sus importantes logros en materia de salud y educación, el régimen de los hermanos Fidel y Raúl Castro no pudo construir una economía viable que no dependiera de los aportes solidarios de la Unión Soviética, luego Rusia y posteriormente Venezuela y México. En la ejecución de su política exterior con adrenalina, el presidente Trump ha descartado las reglas del Derecho Internacional Público para actuar con un ejercicio de poder puro y duro. Probablemente Trump negoció con Vladimir Putin, el mandatario ruso, el canje de Ucrania para los rusos y de Venezuela más Cuba para los Estados Unidos.
El ejemplo
Está claro que al gobierno del presidente Trump y a su secretario de Estado Marco Rubio no les interesó la recuperación de la democracia y el respeto a los derechos humanos en Venezuela. La prioridad de Trump es la gobernabilidad para facilitar la captura de recursos estratégicos en favor de la economía estadounidense. Tal vez la hipótesis de este nuevo experimento sea que, al transformar un régimen totalitario socialista en un régimen autoritario capitalista, la democracia florecerá por sí misma.
El mecanismo que el gobierno de Trump está aplicando en Cuba requiere que el mandatario Miguel Díaz-Canel sea depuesto o renuncie voluntariamente. La lógica es muy simple: hay que demostrar que Estados Unidos puede quitar y poner al mandatario. Suena como un posible reemplazo un nieto de Raúl Castro que visitó frecuentemente a Panamá. En todo caso, el presidente Trump necesita acelerar su “solución” cubana para distraer a la opinión pública estadounidense y a la comunidad internacional del quebradero de cabeza que ha sido la guerra de Irán. A su vez, Trump sabe que en noviembre de este año, en las elecciones legislativas, perderá la Cámara de Representantes y, en algunos escenarios, es posible que pierda el Senado. Los demócratas aprendieron su lección con Trump; la cuestión será descarrilar la agenda del mandatario y ganar tiempo hasta las elecciones de 2028.
Si Cuba efectivamente se abre al capitalismo, la isla bien podría convertirse en un rival para Panamá. Su proximidad con los Estados Unidos facilita el turismo y, a su vez, se favorece el establecimiento de una plataforma de servicios financieros y logísticos que puede competir con lo que existe en Panamá.
El modelo que el secretario de Estado Marco Rubio ha concebido para Venezuela y para Cuba fue practicado con mucho éxito por los Estados Unidos en Japón luego de la Segunda Guerra Mundial. Se mantuvieron las instituciones políticas tradicionales, pero se alineó a la nación del “Sol Naciente” con los intereses estadounidenses. El pensamiento utópico detrás de este modelo es que Venezuela y Cuba pueden llegar a ser Japón y Singapur.
Para el gobierno de Trump, la captura del régimen cubano representa la mayor consolidación de la llamada “Doctrina Monroe”. De paso, servirá para distraer de Epstein o de Irán, o de cualquiera de los problemas internos que enfrenta su administración. Cualquiera haya sido la motivación del cambio de la política de los Estados Unidos hacia estos dos regímenes de izquierda, el capítulo histórico que tanto Venezuela como Cuba van a vivir es otro experimento inédito.
Por: Rodrigo Noriega
Abogado
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