¿Por qué Panamá necesita el embalse de río Indio?
26 de Marzo de 2026
Exclusivo para Contrapeso
El domingo 22 de octubre del año 2006 se celebró el referéndum sobre el tercer juego de esclusas del Canal de Panamá. Mi voto fue en contra del proyecto. Por una parte, respaldé la iniciativa liderada por el expresidente Jorge Illueca, su hijo el jurista Enrique Illueca, el primer panameño que administró el Canal de Panamá Fernando Manfredo y el economista Julio Mandulay. Su propuesta era modernizar la infraestructura del Canal existente entonces a un costo menor de los 5,250 millones de dólares del proyecto de ampliación.
Más allá de la iniciativa de los Illueca, Manfredo y Mandulay, consideré que ampliar el Canal de Panamá era un escape de la responsabilidad del país de tomar las riendas para implementar una estrategia nacional de desarrollo que potenciara de forma sostenible los talentos y capacidades de todos los panameños y panameñas, y convirtiese en ventaja competitiva los bienes y servicios que nuestros ecosistemas le dan al mundo.
Ese domingo formé parte de la minoría, y la ampliación del Canal de Panamá fue aprobada y realizada con éxito. Para facilitar el voto favorable y neutralizar la oposición campesina contra el embalse en el río Indio, dentro de la Ley 28 de 2006, que convocaba al referéndum, se incluyó en el numeral 4 del artículo 2 la siguiente prohibición: “No se construirán embalses para el funcionamiento del tercer juego de esclusas”. Esto significó en la práctica que el Canal de Panamá tuvo que adaptar el diseño del tercer juego de esclusas sin fuentes adicionales de agua. La solución tuvo la forma de tinas de reutilización de agua como método de ahorro. El tiempo ha demostrado que dichas tinas no han sido suficientes.
Volver a río Indio
El área de río Indio ha sido objeto de estudios para la construcción de un embalse desde 1935. El gobierno de los Estados Unidos quiso construir en 1939 el tercer juego de esclusas, pero la Segunda Guerra Mundial interrumpió el proyecto. En 1963 se volvió a estudiar río Indio como posible sitio para un embalse hidroeléctrico. Así sucesivamente, río Indio volvió a ser estudiado en 1999 y en el año 2016.
Como solución hídrica, el embalse multipropósito de río Indio tiene muchísimas ventajas sobre cualquier otra opción, incluyendo la del lago Bayano. Por una parte, el proyecto de río Indio costaría unos 1,500 millones de dólares, mientras que el de Bayano necesitaría de tres a cuatro veces esa cantidad. Río Indio requiere el desplazamiento de unas 2 mil personas, mientras que Bayano necesitaría desplazar a decenas de miles de ciudadanos, cerraría la línea 1 del Metro de Panamá mientras durase la construcción del trasvase y afectaría comunidades, servicios públicos, actividades económicas y hasta el Saneamiento de la Bahía de Panamá.
La operación del embalse de río Indio tendría muy bajo costo porque el agua se movería hacia el lago Gatún por la fuerza de gravedad, mientras que el trasvase del lago Bayano requeriría gastar unos 200 millones de dólares al año en electricidad para bombear el agua por más de 100 kilómetros. Además, el lago Bayano está destinado a ser la reserva de agua potable de Panamá Este, incluyendo a Pacora, Felipillo y a Chepo. Por otra parte, jurisdiccionalmente río Indio está incluido en la cuenca occidental del Canal de Panamá, y el lago Bayano está fuera de la jurisdicción del Canal, por lo que las indemnizaciones que habría que pagar por las tierras privadas, industrias, centros comerciales, escuelas y viviendas serían un quebradero de cabeza monumental.
¿En qué consiste?
El proyecto del embalse de río Indio comprende el represamiento del mencionado río para crear un lago artificial de 4,600 hectáreas de superficie, cuya profundidad le permitiría aportar al lago Gatún de 605 a 825 millones de galones de agua diarios. Esta agua serviría para atender la creciente necesidad de la población del área metropolitana de recibir agua potable de calidad las 24 horas del día. Dado que el consumo actual de agua por parte de la población de las ciudades de Panamá, Colón y los distritos de San Miguelito, Arraiján y La Chorrera supera con creces lo que se había planificado, esto ha llevado a la situación de que la falta de agua potable sea la principal causa de protestas a lo largo y ancho del país. Con el proyecto de río Indio y las potabilizadoras planificadas, el agua potable estará disponible para más de 2 millones de personas.
Además del consumo de agua por parte de la población del área metropolitana, existe otra razón de fondo que respalda la urgencia del proyecto. Se trata del cambio climático. Al variar los patrones de lluvia y al calentarse más la superficie de la tierra junto a la atmósfera, se evapora más rápido el agua y esto afecta la cantidad necesaria para que el Canal de Panamá dé un servicio apropiado a sus clientes. Río Indio resolvería este problema por unos 50 años.
En cuanto al desplazamiento de las 2 mil personas residentes en río Indio, la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) está aplicando los criterios más exigentes que la comunidad internacional tiene en esta materia. A cada familia se le entregará un terreno igual al que tiene actualmente, incluyendo una vivienda moderna y todas las facilidades para continuar con la actividad económica que venía desarrollando. Como el proyecto tiene impacto en las provincias de Coclé, Colón y Panamá Oeste, esto adiciona un nivel de complejidad al reasentamiento de la población. Se está planificando que las nuevas comunidades estén a una distancia de 7 kilómetros de donde solían vivir. En lo posible, los reasentamientos serán de comunidades o familias extendidas para que se mantenga el vínculo cultural y las redes socioafectivas. La ACP estará apoyando con trabajadores sociales y psicólogos a estas familias hasta 5 años después del reasentamiento.
Los desafíos
Aunque más del 66% de los habitantes de río Indio que serán afectados ya aceptaron el reasentamiento, es obvio que el segmento restante necesita ser atendido. Este proceso no se puede dar con bombas lacrimógenas y perdigones ni con heridos y detenidos. Por el contrario, el proceso debe darse con diálogo y construcción de consensos. La ACP informó que, cuando inició las conversaciones con la comunidad, solo el 26% de la población estaba dispuesta al reasentamiento. Es un logro del diálogo paciente y respetuoso el haber alcanzado el 66% de la población en tan corto tiempo.
La ACP tiene como prioridad hacer los reasentamientos, incluyendo viviendas, escuelas, servicios de salud, iglesias y cementerios, antes de mover una sola pulgada para hacer el embalse. A diferencia de otros embalses, la filosofía de esta iniciativa es que las comunidades sean las primeras en beneficiarse.
El cronograma del proyecto, recientemente actualizado, ha determinado que el mismo será licitado en 2027, y que las obras del embalse empezarán su construcción en 2028 con vistas a concluirlas en el año 2032. Esto da tiempo suficiente para concluir en buena lid las negociaciones y consensos con todos los afectados. En estas situaciones es usual que se dé un efecto de cascada: cuando los primeros reasentados se establezcan y sirvan de ejemplo para el resto de la comunidad, aquellas personas que desconfiaban del proceso cambiarán su opinión ante los hechos evidentes. Ese proceso se dará con calma y buena letra. El desarrollo sostenible implica que todos los actores son relevantes para la toma de decisiones.
Una razón sumamente importante para respaldar el proyecto de río Indio es el riesgo sistémico que enfrenta el Canal de Panamá como pilar de la economía del país. Hoy en día hay proyectos de canales secos en México, en Centroamérica, entre Brasil y Perú y Chile con Argentina. Si Panamá titubea en garantizarle el agua al Canal, las navieras del mundo tendrán menos confianza en los servicios de la vía interoceánica. Eso hará viable otras rutas, o incluso una solución multimodal en otra parte. Los barcos “gaseros” (que cargan gas natural licuado) han disminuido el número de tránsitos por el Canal desde que en el año 2023 se dio el último fenómeno de “El Niño”. Este año debe darse otro El Niño, y quizás enfrentemos como país otros dos antes del 2032. Esto tiene que ser resuelto de forma prioritaria.
Aunque todavía el país carece de una estrategia nacional de desarrollo que nos enrumbe por la ruta de la sostenibilidad ambiental y el bienestar humano, es muy importante resolver un dilema. En la cuenca occidental del Canal, a unos 46 kilómetros del río Indio, está una parte del proyecto de la mina de cobre de Donoso. Aunque 46 kilómetros parece una distancia importante, en temas ambientales no lo es. Para efectos prácticos, si la mina es reabierta y aumenta el número de tajos y la cantidad de agua con ácido en la gigantesca tina de relave, posiblemente el Canal de Panamá enfrentará la contaminación de sus aguas por vía de las aguas subterráneas que alimentan los ríos del área. Sabemos muy poco de esa estructura de acuíferos subterráneos y su interconexión; lo que queda claro es que, si el principal insumo de la minería metálica es el agua, el legado del agua ácida no es compatible con un embalse para el Canal de Panamá. La decisión está clara: ¿somos un país canalero o no somos país?
Por: Rodrigo Noriega
Abogado
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