¿Por qué hay tanta pobreza en Panamá?

16 de Abril de 2026

Exclusivo para Contrapeso

Existen múltiples definiciones de pobreza y pobreza extrema que se pueden aplicar en el desarrollo de estudios y para la formulación de políticas públicas que buscan atender esta problemática. La forma más fácil de dimensionar el tema en Panamá es por medio de las denominadas “líneas de pobreza y pobreza extrema”, que han sido determinadas en 3.65 dólares al día por persona para la línea de pobreza general y 2.15 dólares diarios por persona para la pobreza extrema.

Me puedo imaginar su reacción ante estos datos. Para los costos de la vida en Panamá, estas líneas de pobreza y pobreza extrema están disfrazando la situación real del país. Es probable que así sea. La buena noticia es que hay otros indicadores como la pobreza multidimensional que enriquecen mejor el análisis. Por ejemplo, para el 2024, el índice de pobreza multidimensional, que mide el acceso a derechos, es decir, bienes y servicios, fue de 12.8 %, afectando a unos 529 mil panameños.

Volviendo a los 3.65 dólares diarios por persona, tenemos, según cifras del Ministerio de Economía y Finanzas de 2024, que al menos 987 mil 652 panameños y panameñas están bajo la línea de pobreza general, es decir, perciben diariamente 3.65 dólares o menos al día. Esto equivalió a un 21.7 % de la población panameña. La misma fuente nos dice que 435 mil 520 panameños y panameñas perciben 2.15 dólares diarios o menos, lo que equivalió al 9.6 % de la población.

Las causas

Es común en los estudios e informes sobre pobreza que se repitan como explicaciones a los mismos sospechosos de siempre: desigualdad de la economía, ineficiencia del Estado en el suministro de servicios básicos, baja productividad laboral, la mala calidad de la educación, entre otras razones. Esas causas, a su vez, disimulan condiciones profundas de la cultura, la política y la economía panameña.

Entendamos que en Panamá los tres determinantes más importantes de la pobreza son: el lugar de residencia, la etnia o raza y la condición socioeconómica de la familia. Es muy probable que una persona que vive en Boca la Caja y sea afrodescendiente tenga la condición de pobre, mientras una persona que vive a 500 metros de Boca la Caja, en Punta Pacífica, y tenga otra afiliación étnica o racial, viva en una condición muy distante de la pobreza. Igual pasa con La Cresta y Viejo Veranillo, apenas separados por la carretera Transístmica. El peso de la raza o la etnia y el entorno socioeconómico marcan enormemente la trayectoria de ingresos y de acceso a bienes y servicios de una persona.

Así debemos entender que todavía estamos pagando los pecados de la era colonial, cuando al africano y al indígena se les menospreciaba. Esas creencias culturales se manifiestan actualmente en prejuicios y sesgos de las políticas públicas y de la economía panameña. Este país se gestiona como si fuera una isla como Singapur o una ciudad-Estado como San Marino o Andorra. El gobierno y el sector privado panameño concentran sus esfuerzos en aproximadamente unos 10 mil a 12 mil kilómetros cuadrados (no todos los 75 mil del territorio). La población que importa son los 2 millones de habitantes de 5 distritos: Panamá, Arraiján, Colón, La Chorrera y San Miguelito. El concepto de “importan” es muy relativo, pero reciben más atención que la población de cualquier otra región del país. Solo basta comparar que las fallas de las potabilizadoras del IDAAN en la región transístmica no pasan de 3 días, mientras que las fallas en el agua potable en Azuero llevan más de 10 meses.

Los legados

Desde el siglo XVI, el territorio panameño fue organizado por la colonia española de acuerdo con tres propósitos. El primero fue el desarrollo de una ruta rápida y confiable para el traslado de personas y mercancías. Esa fue la raíz del desarrollo de la economía del tránsito en Panamá. Nuestro territorio no era un destino, sino una ruta de paso hacia otra parte “más importante”. El segundo propósito del territorio panameño fue el de una ganadería y agricultura extensiva, por definición de baja productividad y muy poca tecnología, para satisfacer las necesidades locales y, ocasionalmente, las de las personas en tránsito. El tercer propósito del territorio panameño fue el de una suerte de exilio de las poblaciones indígenas, principalmente, y en alguna medida de la población afrodescendiente. Los esclavos fugitivos solían vivir lejos de los caseríos y de las zonas más transitadas por razones obvias, mientras que a la población indígena, a punta de sable y mosquete, se le fue expropiando sus tierras en las zonas costeras para expulsarlos hacia el territorio más interno y agreste. Solo el pueblo de Guna Yala pudo mantener su dominio sobre sus tierras tradicionales.

Luego vinieron las grandes migraciones de los siglos XIX y XX, atraídas por la ilusión del dinero abundante de la construcción del Canal francés y posteriormente del Canal estadounidense. La población panameña participó de forma limitada en estos proyectos canaleros, y no fue hasta la Segunda Guerra Mundial que realmente hubo un gran efecto de prosperidad económica generalizada en el país. Vale la pena destacar que tanto franceses como estadounidenses legaron sus racismos y sus prejuicios, los que siguen formando parte de nuestra cultura. A su vez, el interior se transformó con bananeras extranjeras e ingenios azucareros, como los grandes negocios del mundo agropecuario, y la ganadería en todas sus formas, junto con la producción de algunos granos y legumbres, fueron las características del panorama económico del interior. Los pequeños intentos de hacer una reforma agraria y de modernizar la agricultura panameña quedaron rápidamente en el olvido. El drama humano de un hombre o mujer de campo que hace producir su tierra con mucho esfuerzo se convierte en el rostro de la migración de sus hijos o nietos que buscan un mejor destino.

Los malos hábitos

A lo largo del siglo XX y lo que va del siglo XXI, los gobiernos de la República emprendieron importantes iniciativas que tuvieron como efecto el aumento de la prosperidad y la consiguiente reducción de la pobreza y la pobreza extrema en el país. Quizás la iniciativa más exitosa para reducir la pobreza no fue económica, sino sanitaria. Desde que el doctor William Gorgas saneó a las ciudades de Panamá y Colón, y se incorporaron prácticas de recolección de basura, suministro regularizado de agua potable, recolección de aguas residuales y el combate sin cuartel contra mosquitos y otros vectores, el resultado de todo esto fue una mejoría significativa de la salud en el país. Esto se tradujo en una expansión de la expectativa de vida, una mayor supervivencia de los niños y niñas al nacer y, por lo tanto, una fuerza laboral más sana.

La segunda iniciativa en importancia nació desde el propio origen de la República. Los patricios fundadores de la nación promovieron una política de generosas becas para los varones más talentosos. Muchísimos presidentes fueron el resultado de esas becas, así como médicos, ingenieros, arquitectos, abogados y educadores. Esto vino acompañado del desarrollo de un sistema de educación pública que estuvo entre los mejores de América Latina.

La combinación de buena salud y buena educación en las principales ciudades del país produjo una floreciente clase media. Junto con esta crecieron cooperativas, financieras y la masificación del crédito por parte de la banca estatal y, posterior a 1970, la llegada de una banca extranjera aumentó las posibilidades de que las empresas panameñas pudieran crecer y competir. Se creó un exitoso mercado inmobiliario para la clase trabajadora y la clase media por vía de las viviendas de interés social y los préstamos subsidiados por el Estado. “Alquilar” se convirtió en comprar.

Mientras esto sucedía, se le dio la espalda al sector agropecuario. Los prejuicios y el racismo marcaron la relación entre el Estado y los pueblos indígenas. Estos panameños eran vistos como seres inferiores, promiscuos, borrachos, ignorantes e irresponsables, incapaces de aprender o de planificar a largo plazo. La historia de la depredación de tierras tradicionalmente indígenas por terratenientes y otros intereses motivó los desplazamientos para adentrarse en lo profundo de la cordillera Central, lo que hizo más difícil su incorporación a la economía nacional. A pesar de esto, la fuerza laboral indígena recoge el café, ordeña las vacas, alimenta los pollos, corta la caña, carga el banano, recolecta las piñas, por todo lo cual recibe una remuneración ínfima. Los indígenas deben subsidiar con sus bajos salarios a las ineficiencias del sector agropecuario. Su baja remuneración es expoliada por cantinas, el hacinamiento en las barracas de las plantaciones o mal comiendo para aguantar una jornada que empieza antes de que el sol salga y termina mucho después de que se oculta.

Las políticas públicas del Estado panameño están promoviendo el fortalecimiento del crimen organizado, más pandillas con sicarios y ejércitos de microtraficantes que se toman las veredas, los parques, las canchas y que producen un impuesto a la pobreza llamado inseguridad. Mientras el Estado se militariza y los centros penitenciarios se convierten en sucursales de las bandas, la población más pobre y vulnerable debe reducir sus opciones de desarrollo económico para evitar conflictos y mitigar riesgos. La niña adolescente de las zonas rojas enfrenta un riesgo similar al de otra niña en una zona indígena de quedar embarazada. El adolescente que se niega a cooperar con una banda o que cotidianamente tiene que navegar entre calles y veredas dominadas por distintas pandillas tiene una posibilidad parecida de morir que la de un estudiante indígena que tiene que cruzar quebradas y ríos para llegar a su escuela o volver a su casa. La pobreza no diferencia cuando un niño muere en un cuarto de urgencia con dos balazos en la cabeza o cuando va en una hamaca cargado por sus familiares en medio de la oscuridad con una incisión de los colmillos de una culebra venenosa en una de sus piernas.

El más grande promotor de pobreza en Panamá es la corrupción, tanto pública como privada. Ambas le roban a los más pobres. El político que se roba un millón de dólares de una carretera mal hecha le está robando a todos los panameños y panameñas, al igual que el banquero que le hace un fraude a sus clientes por otro millón de dólares le quitó el pan y el empleo, los ahorros y los sueños a mucha gente. Nunca se podrá recuperar todo el dinero despilfarrado y objeto de peculados y sobornos en los gobiernos pasados. El sistema de justicia y los que hacen las leyes producen esa impunidad. Ese silencio cómplice genera más pobreza y le quita hospitales, escuelas, zapatos, alimentos, medicinas y esperanzas a quienes más lo necesitan.

La clase política panameña ha tenido muchísimo éxito en convertir la mejor arma que tienen los pobres para cambiar su situación, su voto, en un objeto de cambio por un saco de cemento, una bolsa de comida, una botella de licor o unos cuantos dólares. De cómo el voto de los más pobres se convirtió en la llave para más desigualdad y corrupción es uno de los ingredientes de la fórmula que explica por qué hay tanta pobreza en Panamá.

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Por: Rodrigo Noriega

Abogado

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