Panamá: un país moderno... hasta que se apaga la luz.
28 de Mayo de 2026
Por: Rodrigo Noriega
Abogado
Exclusivo para Contrapeso
El pasado lunes 25 de mayo se dieron dos apagones en el área metropolitana. El primero, al mediodía, fue causado, según la empresa distribuidora ENSA, por alguna incidencia en la planta de generación a carbón que posee la empresa Minera Panamá S.A. El segundo incidente se produjo más avanzada la tarde y ha sido explicado de diversas formas, desde el efecto de una situación meteorológica hasta una incidencia en la red de transmisión a cargo de ETESA. Este segundo apagón paralizó la producción de agua en la potabilizadora más grande del país, la planta de Chilibre, y a su vez causó la suspensión de las operaciones del Metro de Panamá. En este último caso, fue muy preocupante cómo adultos mayores tuvieron que bajarse del Metro y buscar una salida entre todo el caos ocasionado por la situación.
Para una parte de los habitantes del área metropolitana estas situaciones les son totalmente extrañas, dado que es usual que condominios y hasta algunas urbanizaciones tengan sus plantas eléctricas de emergencia y, por supuesto, un tanque de agua de reserva. Sin embargo, el área metropolitana y las actividades económicas que le dan vida se ven sumamente impactadas. ¿Qué hubiera pasado si se hubiese dado un incendio y los bomberos no hubiesen tenido agua disponible? Las posibilidades de mayores daños son, en realidad, infinitas.
La potabilizadora de Chilibre
La planta potabilizadora Federico Guardia Conte, inaugurada en 1975, ubicada en la comunidad de Chilibre y que se alimenta de agua de la cuenca del Canal de Panamá, produce diariamente 265 millones de galones de agua potable para los distritos de Panamá y San Miguelito. El alcance de la planta llega hasta Panamá Este y, más recientemente, se están llenando vacíos imperdonables en Panamá Norte. Sin embargo, la instalación tiene importantes vulnerabilidades que van desde la crónica falta de mantenimiento hasta la ausencia de redundancia en materia eléctrica.
Precisamente esa debilidad en materia de garantizar el suministro permanente de electricidad se convierte en una vulnerabilidad de toda el área metropolitana. Lo triste del caso es que, a 750 metros de la planta Federico Guardia Conte, pasa la línea de transmisión de 40 mil voltios de la Autoridad del Canal de Panamá. Cuando hay un apagón en el sistema integrado nacional, el Canal de Panamá se desconecta y mantiene su propio fluido eléctrico, lo que sirve de garantía a sus operaciones. La planta Federico Guardia Conte se podría beneficiar de esa misma resiliencia del Canal de Panamá.
Desde hace varias décadas, quizás lleno de polvo y telarañas, existe un proyecto de interconexión de la planta potabilizadora de Chilibre con la línea de transmisión del Canal de Panamá. Según explicaron diversos especialistas, se necesita construir una subestación de 40 mil voltios con dos transformadores de 13 mil voltios cada uno; esta última cantidad es el voltaje que usa la planta potabilizadora de Chilibre. El proyecto puede costar algunas decenas de millones de dólares, pero el costo se paga con el beneficio de dos distritos con disponibilidad permanente de agua potable.
El Metro de Panamá
Este mes de mayo del año 2026, las líneas 1 y 2 del Metro de Panamá han alcanzado un nivel histórico de pasajeros, llegando a transportar 425 mil personas por día. Básicamente, el equivalente a un tercio de la población de los distritos de Panamá y San Miguelito se mueve por el Metro. Este sistema de transporte masivo nace en la terminal de Albrook y la línea 1 termina en Villa Zaita, en Panamá Norte. A su vez, la línea 2 nace en la Gran Estación de San Miguelito y termina en la 24 de Diciembre.
Algunas de las peores tragedias ocurridas en los metros en otros países sucedieron cuando hubo apagones. Los pasajeros asustados intentan salir de los vagones de cualquier forma y ocurren accidentes. Además, una estación subterránea a oscuras se presta para hurtos, agresiones sexuales y otras formas de violencia. Al igual que la planta potabilizadora de Chilibre, la línea 1 del Metro de Panamá está muy próxima a las instalaciones eléctricas de la Autoridad del Canal de Panamá.
Es muy fácil imaginar que un proyecto cuyo costo ya superó los 3 mil millones de dólares pudiera invertir una fracción de esta cantidad de dinero para obtener redundancia de su suministro eléctrico. El tema va a ser mucho más delicado con la línea 3, que debe servir a Panamá Oeste a partir del año 2028. Seguramente, la línea 3 va a contar con baterías de respaldo para que los trenes, incluso los que estuvieran dentro del túnel bajo el cauce del Canal de Panamá, puedan llegar sanos y salvos a una estación. Sin embargo, garantizar la redundancia proveniente del sistema de generación eléctrica de la propia vía interoceánica le ofrecería mucha paz a este país y evitaría hechos lamentables.
Estos son tan solo dos ejemplos de infraestructuras críticas para el país que no están adecuadamente blindadas contra una incidencia tan común en Panamá como los apagones. En el caso de la planta potabilizadora de Chilibre, no ha existido la voluntad política de los últimos cuatro gobiernos para darle seguridad hídrica al área metropolitana. En cuanto al caso del Metro de Panamá, es una situación totalmente inexplicable. La línea 3 del Metro costará cerca de unos 4 mil millones de dólares. El Metro ha tenido suficiente dinero para darse la redundancia eléctrica que necesita. Ambos ejemplos demuestran la falta de planificación y la carencia de empatía por parte de los grandes tomadores de decisiones en Panamá. Como ellos siempre tienen agua, siempre tienen electricidad y no usan el Metro, la realidad de la vulnerabilidad que enfrentan la gran mayoría de los panameños no es parte de su marco de referencia; quizás ni siquiera ha sido parte de su imaginación.
Cada apagón y todas sus consecuencias deben servir como un recordatorio de la necesidad de profesionalizar al Estado panameño y de restablecer plenamente la capacidad de planificar. Vivimos en dos países separados, uno con apagones y sin agua, y el otro libre de estas molestias. Esa inequidad, producto de la pésima distribución de ingresos en este país, está condenando a Panamá a tener una calidad de vida mediocre y con la apariencia de ser un Estado moderno, apariencia que no aguanta que se apague la luz.
Más de El Archivo Vivo