La otra cara del centro bancario

4 de Junio de 2026

Por: Rodrigo Noriega
Abogado


Exclusivo para Contrapeso

En la década de 1970, vivía en un chalet de mampostería color crema en la calle 52 Este, entre la Vía España y la iglesia del Santuario Nacional del Corazón de María.

A esta vía la llamaban popularmente “la calle del edificio AVESA”, porque lo que entonces era la sede administrativa del INTEL estaba al pie de la Vía España y en la boca de la calle 52 Este.

Al frente de mi casa, donde hoy están las oficinas del Ministerio de Economía y Finanzas, había un gran solar vacío en el cual todos los veranos llegaba un circo mexicano, que luego de algunas semanas partiría hacia otro sitio de la República.

Casi siempre, a la partida del circo, llegaban juegos mecánicos. En ese solar volábamos cometas, jugábamos fútbol y béisbol. Los niños del barrio se juntaban con cierta frecuencia. Los vecinos se conocían y se intercambiaban platos de comida e invitaciones para cumpleaños. La vida era sumamente bucólica y casi rural en esa parte de Bella Vista. Era común que varios vecinos, y nosotros entre ellos, tuviésemos gallinas y una suerte de huerto con guayabas, marañones, mangos, aguacates, pipas, guandú, papaya y tallos de plátano.

En cuestión de unos pocos años, las casas de las calles contiguas fueron desapareciendo. Los vecinos se despedían y, donde antes jugaban niños, se empezaron a erguir edificios de acero y vidrio. Eran bancos que empezaban a tachonar el vecindario. Sin quererlo y tal vez sin saberlo, vivíamos en el corazón de lo que sería el centro bancario internacional de Panamá.

La génesis

En su libro “Dinero sucio”, el abogado Guillermo Cochez, que fue mi profesor de Derecho Comercial en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá, cuenta en primera persona, desde adentro, parte de lo que sucedía dentro de esas torres de cristal y cromo que tomarían por asalto el corregimiento de Bella Vista.

Panamá pasó de ser una plaza bancaria en la que esencialmente existían cuatro bancos estatales (Banco Nacional de Panamá, Caja de Ahorros, Banco de Desarrollo Agropecuario y Banco Hipotecario Nacional), dos grandes bancos estadounidenses (Chase Manhattan Bank y Citibank) y un pequeño banco privado panameño llamado Banco General, a convertirse en un gigante regional con bancos de todas partes del mundo.

Este cambio se produjo en 1970, cuando el gobierno del general Omar Torrijos estableció un nuevo marco regulatorio que básicamente invitaba a que los capitales nacionales e internacionales establecieran bancos en Panamá.

El abogado Cochez cuenta cómo muy rápidamente y de forma improvisada las instituciones de regulación bancaria daban su autorización a nuevos bancos y cómo aviones con maletas llenas de dinero llegaban al Aeropuerto Internacional de Tocumen provenientes de Colombia y otros países. El dinero de narcotraficantes como Pablo Escobar Gaviria y otros pasó a llenar bóvedas de los bancos en Panamá a cambio de jugosas comisiones para militares y civiles que facilitaban el negocio.

Falcón y Magluta

Para los fanáticos de las series de televisión de la década de 1980, está la inolvidable “Miami Vice”, en la cual dos policías encubiertos del Departamento de Policía de Miami combatían al narcotráfico y se cruzaban con las agencias federales del gobierno de los Estados Unidos. La serie estaba inspirada en el creciente negocio de la cocaína que se había tomado el sur del estado de Florida desde finales de la década de 1970. Los narcos colombianos y sus socios en México y el Caribe llevaban la droga hasta el territorio de los Estados Unidos. Una vez allí, una red de narcotraficantes estadounidenses y organizaciones criminales de ese país se encargaban de distribuir y mercadear la mercancía blanca.

Entre estos narcotraficantes se destacaron dos cubanoestadounidenses: Augusto Falcón y Salvador Magluta. Estos dos narcotraficantes no disimulaban su riqueza, sino que, por el contrario, la exhibían con autos lujosos, mansiones estrafalarias, carreras de lanchas y toda clase de lujos. Falcón y Magluta hicieron negocios en Panamá por medio del Banco Interoceánico, en una operación que vinculó a muy altos personeros del primer gobierno civil después de la caída del gobierno militar.

La corrupción

El libro de Guillermo Cochez se lee con mucha facilidad y su descripción detallada de lugares y de las épocas en las que sucedieron los eventos facilita la elaboración de un mapa mental de lo que fue y ha sido la corrupción en Panamá. En el libro hay un doloroso capítulo dedicado a casos de alto perfil o escandalosos actos de despilfarro de recursos del Estado panameño, sin que haya existido castigo alguno.

La corrupción en Panamá se presenta como el gran cáncer que carcome la economía y la política de este país. Los incentivos existentes dentro de la realidad actual favorecen la impunidad de quienes se ven acompañados por el poderoso caballero don dinero, sobre todo si viene acompañado del poder político. Cochez dirige una parte de sus ataques al Partido Revolucionario Democrático, pero en realidad su crítica toca a todos los partidos tradicionales sin distingo.

Esta obra está destinada a ser una referencia obligada en el análisis y la discusión de la corrupción en Panamá, así como de las reformas económicas y políticas que deberían emprenderse para enrumbar al país por la senda de una democracia robusta, con un Estado de derecho sólido y una economía sana. El libro es controversial porque dice nombres y pisa callos. Era hora de que alguna obra de este calibre hiciera tales proezas.

WhatsApp Compartir en WhatsApp

Siguiente
Siguiente

Panamá: un país moderno... hasta que se apaga la luz.