Darién: donde falta el agua y la niñez resiste
25 de Febrero de 2026
Exclusivo para Contrapeso
¡Bombero! Me respondió el niño de 6 años que estaba atendiendo cuando le pregunté qué quería ser cuando fuera grande.
A solo 150 kilómetros de la capital, donde las duchas calientan el agua y las farmacias abren hasta tarde, la niñez de una comunidad originaria en Darién se acuesta sin agua potable y se despierta sin médico cerca. En nuestra reciente gira médica pediátrica a la comunidad de Puerto Lara, lo vimos con claridad: la línea entre un resfriado y una emergencia se hace más fina cuando el acceso a la salud depende del clima, del transporte y de la suerte. Entonces te preguntas: ¿cuánto pesa un kilómetro cuando un niño tiene fiebre? La respuesta se mide en horas de camino, en baldes de agua traída del río o recogida cuando llueve y en la espera de una brigada que quizá llegue una vez al año, si acaso.
En Darién hay 5 pediatras. Esa provincia tiene una superficie de 11,896 kilómetros cuadrados y una densidad que no supera los 5 habitantes por kilómetro cuadrado. Es el territorio más extenso y uno de los más dispersos de Panamá. Allí, la infancia ocupa un lugar central: aproximadamente uno de cada tres habitantes es menor de 15 años. En una geografía así, cada kilómetro pesa más cuando faltan agua potable y servicios de salud cercanos.
Y, sin embargo, en medio de tantas carencias, algo nos sorprendió: los esquemas de vacunación estaban casi perfectos, un logro silencioso de las familias y del personal local. Pero cuando cae la noche, buscar ayuda médica se vuelve una ecuación imposible: un taxi hasta el lugar más cercano cuesta $15 de ida si es de noche y, de día, $10; el transporte público, $1.50, y si no hay trabajo ni oportunidades, ¿cómo se paga? Vimos dolencias dermatológicas, como la sarna, repetirse, y nos preguntamos cómo indicar lavar la ropa con agua caliente si no hay manera de calentar el agua del río. Las caries abundaban, y no hay agua para cepillarse los dientes ni pasta que alcance. Las duchas comunitarias, detrás de láminas de zinc oxidadas, recuerdan lo básico que falta: muchos no tienen ni jabón; ¿qué haces entonces? La impotencia es única. Una gira médica no arregla el problema; apenas alivia por un día. Aun así, con lo poquito que brindamos, la comunidad se sintió bendecida, y quizá más bendecidos nos fuimos nosotros: nos recibieron con empatía y nos hicieron sentir necesarios. Los pediatras de la región hacen lo que pueden con los pocos insumos: sostienen, como pueden, una puerta abierta que no debería cerrarse nunca.
Espero que el niño que quiere ser bombero lo logre. Yo solo pensaba en lo lindo de soñar y que, para apagar fuegos, necesitamos agua. Si la vacunación pudo llegar, también pueden llegar el agua, la salud y el futuro: el derecho a la salud de la niñez de Darién no se negocia.