Panamá puede abrirle la puerta a la primera secretaria general
6 de Octubre de 2026
Por: Isabel de Saint Malo de Alvarado
Vicepresidenta y canciller de la República de Panamá (2014-2019)
Exclusivo para Contrapeso
Pocas veces le toca a Panamá estar en el Consejo de Seguridad el año en que se elige al secretario general de las Naciones Unidas. Hoy es una de ellas, como lo fue en 1976 y en 1981. Es una oportunidad que no debemos limitar a emitir un voto: Panamá puede ayudar a construir el consenso que lleve a la elección de una mujer de nuestra región, vecina y amiga de Panamá.
La elección de este año tiene un significado especial para nosotros. Por la regla no escrita de rotación geográfica, le corresponde a América Latina y el Caribe. Desde hace varias elecciones crece el consenso de que es hora de que una mujer dirija la organización. La elección la ratifica la Asamblea General, en la que participan todos los países miembros de la ONU, según la recomendación que hagan los 15 miembros del Consejo, entre ellos Panamá.
La costarricense Rebeca Grynspan es candidata y tiene todo mi apoyo. Tras cuatro sondeos informales, ha sido la más votada en tres, con diez apoyos en el último. La próxima ronda empezará a revelar los posibles vetos de los miembros permanentes. Es el momento en que el consenso se construye o se pierde, y en el que la voz de los miembros de la región pesa más.
Grynspan conoce Panamá de cerca. Me consta que, cuando el gobierno de Martín Torrijos asesoró al país en la reforma de la Caja de Seguro Social, Grynspan acompañó, en calidad de asesora para la facilitación del diálogo, al equipo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, del cual yo formaba parte. En 2024 visitó el Canal para mostrarle al mundo el impacto de la sequía en el comercio global y destacó el manejo de nuestras autoridades. Ese mismo año, en una reunión con el presidente Mulino, se comprometió a llevar ante las Naciones Unidas la preocupación de Panamá por la migración irregular en el Darién.
Panamá también gana con ella. Al frente de ONU Comercio y Desarrollo, ha estudiado de cerca el comercio marítimo mundial del que depende nuestro Canal. Y Panamá, sede regional de buena parte del sistema de las Naciones Unidas, necesita una organización fuerte y reformada, no una debilitada por la polarización entre potencias.
Panamá y Costa Rica tienen hoy diferencias comerciales que deben enfrentarse con fuerza y resolverse por los canales que corresponden. Pero esa es una agenda entre Estados, y la Secretaría General no lo es: la Carta de las Naciones Unidas dispone que el secretario general no solicitará ni recibirá instrucciones de ningún gobierno. Apoyar a Grynspan no es apoyar a un gobierno, sino a una persona con trayectoria propia y a una región que lleva 45 años esperando volver a dirigir la organización.
Panamá sabe liderar estos procesos. En 1973, el Consejo de Seguridad sesionó en nuestra capital y le dio al mundo una tribuna para la causa del Canal. Una década después, la isla de Contadora dio nombre al esfuerzo latinoamericano que contribuyó a abrir el camino a la paz en Centroamérica. Hoy, junto con los demás miembros latinoamericanos del Consejo, Panamá puede articular a la región en torno a la candidatura que más apoyos suma y ayudar a que esa convergencia llegue a buen puerto.
Hace 45 años, con Panamá en el Consejo, se eligió al último secretario general latinoamericano, Javier Pérez de Cuéllar. Hoy Panamá puede ser protagonista de algo inédito: la elección de la primera mujer en dirigir la ONU, elegida no por ser mujer, sino por su trayectoria; una vecina que conoce y aprecia a nuestro país.
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