¿Por qué se devuelve un 40 % de los billetes y chances de la Lotería?

5 de Marzo de 2026

Exclusivo para Contrapeso

La Lotería Nacional de Beneficencia (LNB) fue creada en 1919 a partir de la nacionalización de la Lotería operada por la familia Duque. Esto le permitió al Estado panameño, durante el último gobierno del presidente Belisario Porras (1920-1924), realizar la construcción del Hospital Santo Tomás, el Laboratorio Conmemorativo Gorgas y una variedad de proyectos educativos, sanitarios y de vías de comunicación, en la mayoría de las cabeceras de provincias del país. La LNB fue la mayor empresa del Estado panameño hasta que en 1941 se creó la Caja de Seguro Social.

El modelo de la LNB estaba fundamentado en la lotería española, en cuyos sorteos niños cantaban las cifras seleccionadas y el correspondiente premio. Para distribuir los productos de la LNB, es decir, los chances y billetes, existieron tradicionalmente dos métodos: agencias de la institución que vendían los productos directamente a sus clientes y billeteros, que ya fuera en posiciones fijas con una tabla de madera con hilos, procedían a colocar sus billetes y chances en orden ascendente, u otros billeteros que voceaban el producto en las calles, parques y plazas del país.

En las últimas décadas se eliminaron las ventas por las agencias y solo quedó como canal de comercialización el ejército de unos 14 mil billeteros. Al menos desde la posguerra aparecieron en Panamá las llamadas loterías clandestinas, en las que una persona con un importante caudal económico aportaba un fondo inicial con el cual se garantizaba el pago de los premios para cubrir todos los “tiempos” que se hubiesen vendido. La lógica era muy simple: si la mayoría de los clientes buscaban fecha, es decir, billetes o chances del 01 al 31, esto significaba que esos tiempos solo tendrían un 31 % de probabilidades de salir premiados. En un ejemplo, la casa grande vendería mil tiempos de cada número “bajo”, pero solo tendría que pagar el premio una vez cada tercer sorteo, de acuerdo con la ley de probabilidades. Para identificar el número ganador de la lotería clandestina, se usarían precisamente los números ganadores de la lotería oficial.

A la casa grande le acompañaron otras prácticas que hicieron que la LNB perdiera competitividad. Los billeteros interesados en maximizar sus ingresos empezaron a “casar” la venta de números bajos (01-31) con la venta de números altos (32-99-00). Otra práctica molesta para los compradores es el “one-two”, en la que el comprador debe adquirir una suerte de rifa adicional para poder comprar el número deseado. Finalmente, con la transformación en las décadas recientes de la LNB en un “premio” a los partidos políticos bisagra, aparecieron los revendedores, es decir, billeteros que ofrecen los productos tradicionales de la LNB con un sobreprecio. Ni el one-two ni el sobreprecio de los revendedores ingresan al tesoro nacional.

La devolución

Desde que la LNB nació se estableció un principio transaccional básico para los billeteros: ganarían un porcentaje de la venta y aquello no vendido podía ser devuelto antes del respectivo sorteo. El billetero solo cobra su comisión del 10 %, en la actualidad, por el producto vendido. Para ser billetero se necesita consignar una fianza, cuyo monto dependerá del valor de la libreta de billetes y chances asignada. Hay billeteros con libretas con un valor de 324 dólares, por lo que recibirán un máximo de 32 dólares con 40 centésimos por sorteo como comisión; y hay libretas con un valor de 8 mil dólares, por lo que la comisión máxima sería de 800 dólares por sorteo. Si en un mes hay 8 sorteos regulares (4 miercolitos, 4 dominicales), la comisión máxima puede ser desde 259 dólares con 20 centésimos hasta 6 mil 400 dólares. Los productos especiales, como el Gordito del Zodiaco y los sorteos extraordinarios, siguen pagando 10 % de comisión, pero no todos los billeteros reciben libretas de estos productos.

Es un ritual recurrente en las agencias de la LNB los días miércoles o los domingos: los billeteros y billeteras del país hacen sus filas llevando bolsitas en las que llevan el producto no vendido para ese sorteo. En algunas agencias muy específicas aparecen las llamadas “Panchitas”, mujeres que llevan bolsas negras con las devoluciones de las libretas que se atribuyen, según distintas versiones dentro de la institución, al político que controlaba la actividad en el gobierno anterior.

El volumen de devoluciones está en un rango de un 37 % a 40 % por sorteo. Si se ha dado mal clima en el país, una paralización obrera, una protesta nacional o algún evento que trastorne la vida cotidiana de los panameños, la devolución puede ser mayor. Esto significa que la LNB ha tenido una fuerte erosión de su margen de ganancia y, por lo tanto, de su aporte al Estado panameño. En los últimos años, lo más que ha aportado la LNB han sido 112 millones de dólares; sin embargo, se estima que las loterías clandestinas y los productos de loterías extranjeras le pueden haber restado hasta unos 300 millones de dólares en ingresos a la LNB.

¿Por qué sobreviven las casas grandes? Las casas grandes han sido una prerrogativa histórica de políticos, empresarios y miembros de algunas comunidades de migrantes. Es factible que una casa grande se financie con el blanqueo de capitales del narcotráfico o de coimas recibidas por un servidor público. Todas las transacciones relacionadas con las casas grandes constituyen una forma de evasión fiscal. La casa grande no declara sus ganancias, el vendedor de los tiempos de la casa grande no declara sus comisiones y el comprador tampoco declara sus premios.

Aunque las casas grandes forman parte de una variedad de loterías clandestinas de muchas décadas en Panamá, las mismas se han actualizado y hoy en día funcionan a perfección en el mundo digital. El cliente compra por medio de su celular y recibe su premio por vía de una transferencia bancaria, sin necesidad de hacer el trámite de cobro en una agencia de la LNB.

Por cierto, el cobro de los primeros premios se ha convertido en un quebradero de cabeza en la LNB. Hay ocasiones en las que la institución solo paga 2 mil dólares en efectivo y el resto lo paga posteriormente. En algunos casos la institución le hace un pequeño abono y abre una supuesta investigación administrativa para verificar la legitimidad de ese primer premio. El año pasado, por ejemplo, en el área de Soná se ganaron 2 veces el Gordito del Zodiaco, lo que probabilísticamente es un hecho extraordinario, pero aun así la institución saldó la totalidad de ambos premios.

Este no es el caso de la Lotto, producto cuyos sorteos se dan los martes y sábados. Mientras se define en la Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia la legalidad del contrato que respalda este producto, el mismo sigue en venta por los billeteros de la LNB. La comisión que reciben los billeteros por la venta de este producto es del 10 %; la empresa que da el soporte al producto recibe un 25 % de los ingresos de la venta de los tiquetes de la Lotto. La LNB recibe el 65 % de los ingresos, pero de estos debe cubrir obligatoriamente los premios de la Lotto, en especial el primer premio, que es pagado inmediatamente contra la presentación del tiquete ganador en la sede principal de la LNB.

Las ratas

La casa matriz de la LNB, ubicada en la Avenida Perú de la ciudad de Panamá, es un edificio de perfil reconocido en Calidonia. Algunas de las oficinas de la LNB tienen escritorios plagados de ratones y de otras alimañas. El problema excede el aseo y control de plagas de la institución, dado que es una manifestación de la situación sanitaria de la zona urbana en donde se encuentra.

Más allá de los roedores, la institución enfrenta otras plagas. Primero, sus productos y sus premios se han quedado rezagados frente a la competencia de las loterías extranjeras y de las loterías clandestinas. Segundo, el sistema de ventas por medio de billeteros expone a la LNB a un margen intolerable de devoluciones. Esto, a la vez, puede ser un indicio de la situación económica de los panameños, que al disponer de menos dinero optan por adquirir menos productos de la LNB. Y tercero, el gran problema de la LNB es haberse convertido en el manjar preferido de un segmento de la clase política panameña.

En el pasado, muchos panameños y panameñas progresaron social y económicamente con la venta de billetes y chances de la LNB. Los compradores mantenían una gran lealtad a los productos de la institución porque eran fácilmente accesibles y el cobro de los premios no representaba mayor desafío. La situación de la LNB no la produjo una sola causa, sino una multiplicidad de factores; quizás los principales sean la falta de buena gobernanza y transparencia por parte de los gobiernos panameños.

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Por: Rodrigo Noriega

Abogado

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