Jardines del Biomuseo
21 de Enero de 2026
Exclusivo para Contrapeso
En Panamá somos realmente privilegiados de tener, a solo minutos de la ciudad y en plena Calzada de Amador, el Biomuseo: la colorida estructura diseñada por el reconocido arquitecto Frank Gehry, quien estuvo casado con una panameña. Quienes lo visitan pueden aprender sobre la historia geológica del istmo y su importancia como puente natural, el evento que permitió que especies de América del Norte y del Sur se mezclaran, recordándonos por qué Panamá es mucho más que un canal.
Paloma ventriblanca (Patagioenas cayennensis)
Iguana verde (Iguana iguana)
Bienteveo (Pitangus sulphuratus)
Pero desde el punto de vista de la naturaleza —y, para mí, de la fotografía— una de las mejores joyas del Biomuseo son sus jardines, conocidos como “El Parque de la Biodiversidad”. En ellos puedes encontrar desde diminutos y brillantes colibríes hasta chachalacas, aves que se mueven como mini-dinosaurios y de aproximadamente el tamaño de un gallo bien alimentado, que suelen desplazarse en parvadas, saltando de árbol en árbol. Es, además, el único lugar donde he visto un pichón de chachalaca.
Colibrí colirrufo (Amazilia tzacatl)
Chachalaca común (Ortalis vetula)
Cada vez que salgo a fotografiar estos jardines suelo ver, en un día lento, unas 15 especies distintas de aves, y hasta 27 en mis mejores jornadas, todo dentro de un espacio relativamente pequeño: unas 2.4 hectáreas. Los jardines se extienden a ambos lados de la estructura principal y también por la parte posterior del museo, y a veces los paneles de colores del edificio se convierten en fondo, creando contrastes visuales particularmente llamativos.
Chachalaca común (Ortalis vetula)
Según el propio museo, en el área se han registrado más de 150 especies de aves, además de pequeños reptiles como iguanas y anoles. Yo he podido fotografiar tángaras, mosqueritos, golondrinas, hormigueros, carpinteros, pichones de ruiseñores y bien-te-veos en pleno ritual de caza, cerniéndose en un mismo punto a la espera de algún insecto. Pero el momento que más me marcó fue poder fotografiar un bebé de perezoso de dos garras con apenas diez días de nacido, y luego volver a encontrarlo y retratarlo nuevamente a los treinta días. Así que si aún no has ido, ve: camina esos senderos sin prisa, levanta la mirada y lleva la cámara lista. En el Biomuseo, a veces la mejor lección y la mejor foto aparecen cuando menos te lo esperas.
Tángara dorsiroja (Ramphocelus dimidiatus)
Hormiguero (Thamnophilus doliatus) macho
Carpintero coronirrojo (Melanerpes rubricapillus)
Perezoso de dos garras (Choloepus hoffmanni)
Hormiguero (Thamnophilus doliatus) hembra
Por: Essdras M. Suarez
Fotógrafo panameño ganador de Premios Pulitzer
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