Cormoranes de Costa del este
17 de Junio de 2026
Por: Essdras M. Suarez
Fotógrafo panameño ganador de Premios Pulitzer
Exclusivo para Contrapeso
En solo unos minutos pude contar diez restos de cormoranes sobre el puente de la Vía Cincuentenario, en Costa del Este. La mayoría estaban tan aplastados que resultaban irreconocibles. Algunos probablemente habían sido atropellados tras aterrizar sobre la vía. Otros quizás fueron impactados mientras intentaban cruzarla volando a baja altura. Poco después observé lo que probablemente había ocurrido con muchos de ellos: un joven cormorán neotropical, desorientado, aterrizó sobre el puente en medio del tráfico. Por suerte, era temprano un sábado y la circulación de vehículos era ligera. Un conductor redujo la velocidad y permitió que el confundido pájaro cruzara la calle. Lo seguí durante una cuadra hasta que finalmente encontró refugio bajo unos andamios metálicos. Al menos ya no estaba en peligro inmediato.
Todos los días, centenares de cormoranes neotropicales (Nannopterum brasilianum) siguen el cauce del río Matías Hernández hacia la Bahía de Panamá para alimentarse. En esta época del año, muchos son aves juveniles que recién comienzan a acompañar a sus padres en estas expediciones diarias. Aunque ya vuelan, todavía les falta experiencia para desenvolverse en un paisaje dominado por puentes, automóviles y otros obstáculos creados por los seres humanos.
Curiosamente, el problema parece ser consecuencia indirecta de una buena noticia. Hace una década, la parte baja del río no contaba con la abundante vegetación que hoy se observa. Con el crecimiento de manglares y otros árboles, el área se ha convertido en un importante sitio de descanso para numerosas aves, especialmente los cormoranes. A medida que aumentó su presencia, también lo hicieron las colisiones. Incluso se instalaron postes con discos reflectivos para obligar a las aves a ganar altura al cruzar el puente, aunque no existen estudios que permitan conocer su efectividad.
Los cormoranes son excelentes pescadores y aves perfectamente adaptadas a la vida acuática. Sin embargo, durante la época reproductiva la población aumenta y numerosos juveniles realizan sus primeros vuelos fuera de las áreas de descanso. Para muchos de ellos, cruzar este puente puede resultar tan peligroso como cualquier depredador natural.
Justo después de que observé al joven cormorán, el gerente de un club de pádel cercano se acercó a conversar. Al conocer la situación, se ofreció a organizar un torneo benéfico para recaudar fondos que ayuden a encontrar soluciones para estas aves. Tal vez esa sea la lección más importante de esta historia: los problemas que enfrentan los animales urbanos rara vez se resuelven solos, pero todos podemos formar parte de la solución cuando decidimos involucrarnos.
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