¿En qué va el matraqueo de la Asamblea? | Sin Permiso con Flor Mizrachi.
La Asamblea ya aprobó en tercer debate el proyecto de sustancia económica, el único tema de las sesiones extraordinarias convocadas por el Ejecutivo. Cerrada esa agenda, empieza la que sí les importa a ellos: la pelea por la nueva directiva. Y esa pelea sí es peleando. Porque ahí lo que está en juego es poder real: agenda, comisiones, tiempos, proyectos, presupuesto y planilla. Todo lo que los mueve a ellos. Por eso esa silla despierta tanto “entusiasmo”.
El panameñista en papel Jorge Herrera busca reelegirse. Y al Ejecutivo, con él no le ha ido mal. No ha tenido una Asamblea hostil. Herrera ha sido una figura complaciente con la que han podido negociar, contener y operar.
Del otro lado aparece Realizando Metas, con Shirley Castañedas como una de sus cartas fuertes, aunque también suena Luis Eduardo Camacho. Él, en teoría, ya quedó descartado en primera vuelta de sus “internas”, pero en política no se descarta nada… y menos lo descartable. Y esa gente vota hasta que sale el resultado que quiere el jefe el día de la elección.
El escenario ya no es el del año pasado. El mal llamado bloque de oposición prácticamente no existe. Lo que hay es un mapa legislativo lleno de huecos, bisagras, resentimientos y diputados que se mueven según el viento. El Ejecutivo, además, ha demostrado tener tentáculos —o influencias, como prefieran leerlo— en casi todas las bancadas, incluida Vamos.
Nadie parece controlar un bloque completo, pero casi todos creen poder meter la mano en el ajeno. Ese es el dato político clave.
Herrera intenta armar mayoría. Una opción que se analiza es sumar a diputados incómodos de Vamos, con Jorge Bloise como posible primer vicepresidente. Para captar votos PRD, también se baraja a Rafael Buchanan como segundo vicepresidente.
Pero ahí nada es gratis. Cada voto tiene su historia, su factura o su cuenta pendiente.
En la bancada mixta están los partidos bisagra: Molirena, Alianza, Manuel Chen y Eliecer Castrellón, del PP. Su estrategia parece ser la de siempre: esperar hasta el final para apostar al ganador.
En CD, Herrera tendría por ahora dos votos seguros: Tito Afú y Manuel Cohen. Pero faltan los demás, divididos entre la línea de Yanibel y los que miran hacia el Ejecutivo.
En Moca y Seguimos, Barboni ha dicho que no votaría por Herrera. Ernesto Cedeño, en cambio, lo ve con buenos ojos. Como tantas otras cosas que antes veía mal y ahora… normal. Seguimos no llevaría candidato propio, pero podría aspirar a una vicepresidencia. No quieren la silla principal, pero tampoco pueden quedarse viendo desde las gradas.
Y luego está Vamos, con su propio rollo.
Herrera necesita parte de los votos de Vamos, pero le achacan que sus promesas de transparencia y lucha contra la corrupción quedaron en nada.
Además, a lo interno de la “independencia” hay fisuras. Patsy Lee, del Partido Popular pero cercana a Vamos, es vista por algunos como una especie de caballo de Troya. Y en los pasillos se menciona una posible bancada paralela con nombres como Jorge Bloise, Carlos Saldaña, Manuel Samaniego y Neftalí Zamora, diputados que no siguen necesariamente la línea de Juan Diego Vásquez.
En medio de todo eso aparece Janine Prado.
Para algunos en Vamos, su candidatura tendría una carga simbólica: fiscalización, transparencia y distancia frente a los acuerdos tradicionales. Pero también puede dividir el tablero y terminar favoreciendo a RM.
Ese es el dilema: morir con las botas puestas o calcular para que no gane quien menos quieren que gane.
Si terminan compitiendo Shirley, Herrera y Janine, hay quienes creen que Shirley podría ganar. RM podría sumar votos del PRD, de CD y de la bancada mixta, sobre todo si ofrece posiciones dentro de la directiva.
Y aquí está el punto que no se puede perder: para el Ejecutivo, no es lo mismo Herrera que Shirley.
Con Herrera, el gobierno ya sabe a qué atenerse. Ha habido ruido, incumplimientos y deudas de transparencia, sí, pero también gobernabilidad legislativa. Con Shirley, abogada y garra de Martinelli, el tablero cambia. Ella podría convertir la Asamblea en una plataforma de oposición más frontal contra Mulino y en una vitrina para empujar la amnistía para Martinelli.
Con Herrera, la duda es más básica. Y es si su reelección significa continuidad administrativa o si solo confirma que las promesas de transparencia pueden quedar en promesas sin que nada pase.
Y con Janine, el mensaje puede ser importante: marcar distancia de la vieja política, aunque quizá al costo de abrirle la puerta a RM.
¿Qué pasará? Amanecerá y veremos. Pero, por ahora, algo queda claro: en esta Asamblea, la oposición no está muerta. Está repartida. Y eso, para quienes saben conseguir los votos, puede ser incluso más útil.
Por: Flor Mizrachi
Periodista
Más videos