Publicidad Verde | Sin Permiso con Flor Mizrachi.
Hoy es el Día Internacional Libre de Bolsas de Plástico, así que hablemos de bolsas. No solo desde el ambiente: también desde la libertad de escoger y la publicidad disfrazada.
Empecemos por lo básico: el cliente decide.
Si te cobran la bolsa reutilizable, puedes llevar la tuya, pedir una caja, empacar en los bolsillos, comprar menos o pagarla. Nadie te obliga.
Y si la bolsa lleva el logo del comercio en grande, también decides si cargas esa marca. Como cuando compras una camisa con el conejo o el cocodrilo gigantes. ¿Te dan descuento por promocionarla? Tú decides si compras ropa lisa o si quieres ser un moppie ambulante. Con las bolsas pasa igual.
No todo lo incómodo debe prohibirse. Basta con información clara: el comercio ofrece y el consumidor decide.
Pero esa libertad no borra los vacíos. Si el comercio vende una bolsa con su marca y el cliente paga por pasear el logo, la pregunta cabe: ¿quién financia esa publicidad?
En 2018 se prohibieron gradualmente las bolsas de polietileno y tuvo efecto: MiAmbiente reportó que en 2019 su ingreso al país bajó un 54 %. Bien. Pero, seis años después, no sabemos cuánto plástico se ha reducido realmente. Sobre todo porque muchas reutilizables también son plásticas. California, por ejemplo, tuvo que ajustar su política por eso: eran “verdes”, pero no tanto.
En Panamá, el tema ya incomodaba por el cobro, la publicidad, los costos poco claros y una confusión clave: la ley prohibió bolsas de polietileno, no todas las plásticas. En 2020 incluso se propuso que las reutilizables con publicidad fueran gratis. Fue prohijado, pero quedó ahí. Entonces, si la marca se beneficia, ¿por qué paga solo el cliente?
Hay varias salidas posibles: que el comercio regale la bolsa si quiere publicidad; que ofrezca una con logo gratis o más barata y otra sin logo al costo real; o que todo siga igual, pero con precio visible, costo declarado y sanciones cuando haya abuso. Y que te digan desde el inicio tus opciones, no te ofrezcan la cara como si fuera la única opción.
También Acodeco exige certificar que las bolsas no contienen polietileno. O sea: además de fumigación, bomberos, municipio, letreros y permisos, ahora certificado de bolsa verde. Otra traba para quien intenta cumplir.
Y ni así la regla queda redonda. Promueve bolsas reutilizables, pero deja vacíos sobre publicidad, vida útil, costo e impacto.
La implementación tampoco ha sido pareja. Acodeco ha dicho que estas bolsas deben venderse a precio de costo o por debajo, y entre 2019 y marzo de 2026 impuso 393 sanciones por casi 99 mil dólares por falta de certificado, costos no declarados, cobros por encima del costo declarado y precios no visibles. ¿Alcanza con multar? Difícil. El consumidor rara vez reclama, y menos por centavos y, para algunos comercios, la multa termina siendo un costo operativo.
Tampoco basta con decir “denlas gratis” o biodegradables. Obligar a entregar bolsas biodegradables gratis podría incentivar otra vez el uso desechable. Y cobrar o prohibir bolsas funciona: un estudio publicado en 2025 en Science encontró reducciones de entre el 25 % y el 47 % en bolsas halladas en limpiezas costeras donde había políticas de cobro o prohibición. Sirven, pero la salida no debe ser una sola. Lo que no cabe es que el discurso verde esconda costos, disfrace publicidad de conciencia o convierta cada solución en otro permiso.
Al final, sí: tú decides si compras la bolsa, como decides si compras la camisa con la marca en grande. Pero, para decidir de verdad, el precio debe ser real, la regla clara, la medida medible y la publicidad honesta.
Muy verde todo. Pero si la bolsa anuncia, alguien se está promoviendo. Y la publicidad, normalmente, la paga quien anuncia. ¿O piensan distinto?
Por: Flor Mizrachi
Periodista
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