Transfuguismo: cómo se fabrica una mayoría. | Sin permiso Por Flor Mizrachi
Esta semana se presentó una iniciativa ciudadana para castigar el transfuguismo con pérdida de la credencial, multas, inhabilitación y cárcel si hay dinero, contratos, nombramientos o partidas de por medio.
Ahora tendría que aprobarla la Asamblea, lo cual no pasará porque ellos no se quitan ventajas. Pero la idea abre una conversación.
Transfuguismo es llegar con los votos de un grupo y después usar esa curul para fortalecer a otro. A veces el diputado cambia de partido. Otras, negocia sin mudarse.
Ojo: no toda diferencia es transfuguismo. Un diputado puede disentir, denunciar o romper con su dirigencia. El problema viene con el chance casado.
Desde el regreso a la democracia hemos visto de todo: Endara perdió su alianza; el Toro gobernó pactando; Moscoso buscó votos sin tener mayoría.
En su gobierno estalló el Cemis. En 2002, Tito Afú, entonces PRD, denunció, con fajos de plata en mano, supuestos pagos para aprobar el contrato. Imborrable. Afú fue expulsado del PRD, se acercó al arnulfismo, volvió como independiente y, con Martinelli, saltó a CD. Y ahora le reclama más puestos al gobierno de RM.
Con Martín, el PRD tuvo una bancada cómoda: hubo pactos, pero no importación masiva de diputados.
Martinelli llegó en 2009 aliado con el panameñismo. Cuando rompió con Varela quedó sin esos votos. Entonces empezó el reclutamiento. Fueron más de 20 diputados. En ese quinquenio se repartieron 416.5 millones de dólares en partidas circuitales; el 72 % fue para diputados de CD.
Una escuela, una calle o una ambulancia dependían del partido del diputado.
José Muñoz se proclamó “el cerebro del transfuguismo”. Alma Cortés dijo que los diputados se alquilaban. El propio oficialismo explicó el método.
Yanibel Ábrego llegó en 2009 como independiente. Saltó a CD después de que el Gobierno le aprobara comprar 13 hectáreas costeras a cuatro centavos el metro.
Con Cortizo, Yanibel encabezó un grupo de 15 diputados de CD que votaba con el PRD. Eran oficialistas. Después, CD la expulsó por apoyar a Martinelli y promover la creación de Realizando Metas. O sea, CD creció recibiendo tránsfugas y se indignó cuando empezaron a salir.
Nelson Jackson pasó del PRD a CD y luego a RM. Un mes después de entrar a CD, aparecieron en su circuito dos ambulancias de 280 mil dólares.
Manuel Cohen pasó del panameñismo a CD. Chello Gálvez recorrió el liberalismo, CD, el arnulfismo, otra vez CD y, finalmente, RM. Camacho pasó por la Democracia Cristiana, el arnulfismo, CD y RM.
Y otro pocotón ha migrado una sola vez. Por ahora.
Varela cambió el método. Ganó con una bancada pequeña, pero pactó con el PRD, dizque para poder gobernar. Después supimos de contratos, planillas y prebendas manejadas desde la Asamblea. Más discreto que Martinelli. No mejor.
Cortizo ya tenía mayoría con 35 diputados del PRD y el Molirena. Aun así, sumó al grupo de Yanibel para ampliar el control y evitar rebeliones.
Mulino también llegó sin mayoría. Por eso ha buscado votos del PRD, CD, Molirena, Alianza e independientes.
Ahí entra Camacho. No es un tránsfuga legislativo clásico. Es el operador de una mayoría que supera los votos propios de RM. Su poder está en lograr que otros diputados acompañen al oficialismo cuando faltan votos. Los suman sin inscribirlos.
Vamos pasó de 20 a 15 diputados. Puede expulsarlos del grupo, pero no quitarles la curul. Siguen siendo “independientes”.
La Constitución, el Código Electoral y los estatutos ya permiten sanciones, expulsiones y revocatorias por renuncias, apoyos ajenos o alianzas no autorizadas.
Todos tienen reglas contra la deslealtad. Pero las aplican al que sale. No al que llega.
Sancionar al partido receptor tiene sentido, pero sin castigar la disidencia ni darle a las cúpulas poder para sacar a cualquiera.
El problema no puede ser pensar distinto. Es usar recursos públicos para fabricar en la Asamblea la mayoría que no salió de las urnas.
Una curul no es una ficha de negociación. El político puede cambiar de opinión. No de dueño.
Por: Flor Mizrachi
Periodista
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